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¿Y si todavía no estamos en lo peor de la crisis?

Cinco de marzo de 2006. El PIB de España crece al 3,5% anual y las cuentas públicas dan claro superávit. Ese mismo día, el diario 'ABC' publica un reportaje con un extraño vaticinio: una "crisis sistémica" se avecina; una depresión que acabará con el modelo económico actual, "agotado" desde 1987 y cuya muerte venimos prolongando hasta la actualidad. El autor de esta predicción es un Catedrático de Estructura Económica, Santiago Niño Becerra, cuyo nombre y apellidos comenzarán a ser temidos dos o tres años después. Pero entonces pocos prestan atención al reportaje y el mensajero pasa prácticamente desapercibido. Por el momento.

El final de la opulencia
Unos tres años después, la predicción ha comenzado a ser una amenaza y el artículo publicado en 2006 ya es un libro, 'El crash de 2010' (Los libros del lince), que se agota en las librerías. Sin embargo, la mayoría de los políticos y los periodistas no parecen prestar todavía la suficiente atención a este experto: sus predicciones son catastrofistas y, de ser tenidas en cuenta, podrían hasta llegar a provocar una crisis dentro de la propia recesión. Aun así, Becerra sigue manteniendo lo mismo que en 2006: "lo peor de la crisis comenzará en el verano de 2010; hasta ahora, lo que estamos viviendo es una precrisis".

Un viaje en el tiempo
¿En qué se basa este Catedrático de Universidad, uno de los 'gurús' más pesimistas sobre el futuro económico? Prestemos atención a la argumentación de Niño Becerra, que en su libro viaja hasta lo que considera los cimientos del capitalismo, allá por 1820, para entender la lógica de las distintas crisis sistémicas vividas hasta la situación actual: "la depresión de 1929 dio lugar a un modelo que consistía en ir a más y en que todos fuéramos a más; este modelo era como el abuelo del modelo actual".
Una pauta de crecimiento, la inaugurada tras 1929 y la Segunda Guerra Mundial, que estaba basada en el consumo como motor de la economía, que se mantendría, con modificaciones, hasta 1987, año en el que se manifestaron claros síntomas de agotamiento. "La materialización del fin del modelo es una crisis muy corta, la de 1991, que en España se vive al final de la Expo de Sevilla y de las Olimpíadas de Barcelona". "De esta situación se sale dando crédito a la gente, lo que dura hasta la explosión de la denominada burbuja 'punto com'. A partir de ahí, el crédito no es suficiente y se ponen en marcha las hipotecas". El desenlace final lo estamos viviendo en la actualidad.

"Huidas hacia delante"
Para Niño Becerra, todas las medidas tomadas desde 1991 son "huidas hacia delante" llevadas a cabo por "gobernantes que solo piensan en períodos de cuatro en cuatro años". Por tanto, todo lo que se viene haciendo desde entonces y, más, desde el comienzo de la crisis actual, "solo sirve para alargar la agonía". Una muerte que se producirá definitivamente cuando las economías colapsen por sus disparadas deudas. "Son unos niveles insostenibles", afirma.
La situación crítica comenzaría, por tanto, en 2010, con tasas de paro que en España podrían llegar al 30% y una caída del PIB que forzaría a los gobernantes a "cambiar la definición de estas magnitudes". "Sarkozy ya se reunió hace unos meses con expertos para buscar otras definiciones para el PIB". "En vez de parados, podríamos estar hablando de población necesaria y no necesaria". "Se producirán tumultos, problemas sociales" que en países como EEUU podrían incrementarse "dado que muchos ciudadanos cuentan con armas de fuego."

¿Hasta 2018?
Esta situación de depresión y estancamiento podría prolongarse hasta 2018, a partir de cuando se comenzaría a crecer, pero con un patrón muy diferente al empleado hasta ahora. ¿El fin del capitalismo? "Se mantendrá la propiedad privada, pero nos regiremos por la eficiencia y la productividad: utilizaremos la menor cantidad de recursos posibles; el paro se disparará y mucha gente, que no será necesaria, será 'pobre' tal y como entendemos hoy día la pobreza: será gente que podrá gozar de un renta mínima y un austero nivel de consumo. Pero sabrán -con todo lo que esto implica- que no son necesarios".
Una población a la que habría que mantener entretenida a toda costa: "Va a haber un cambio de valores: marihuana legal, ocio barato" todo para que la gente esté más o menos tranquila; se diseñarán nuevos tipos de ansiolíticos. Una situación bien diferente al a caracterizada por los Estados de Bienestar, en la que el Estado perderá fuerza a favor de las grandes corporaciones privadas.

¿Y la democracia?
En este nuevo sistema, el concepto de democracia se verá profundamente transformado. Para Niño Becerra, la clave del cambio de paradigma se basa en el nivel de recursos existente: "Cuando pensamos que hay de todo, da igual quién sea Ministro de Sanidad, pero ¿tiene todo el mundo capacidad para elegir a un Ministro de Sanidad cuando los recursos son escasos?" "Entonces habrá que elegir a aquel equipo que sea más idóneo, y habrá que hacerlo de un modo distinto al actual".
Este cambio se llevaría también consigo los conceptos actuales de izquierda y derecha, hoy día ya en decadencia: "Una llamada a ahorrar energía eléctrica no es de izquierdas ni de derechas". "En los años treinta, el sustrato ideológico era brutal, pero ahora no hay ni rastro de él". La falta de ideología y la posesión de armas atómicas por parte de muchos Estados serían suficientes disuasorios para evitar una Tercera Guerra Mundial: "Eso es absolutamente improbable".

¿Hay algo positivo?
¿Tendrá algo bueno la futura situación? "Lo bueno es que la contaminación y el despilfarro se van a reducir de forma vertical: aprovecharemos mejor los recursos". Niño Becerra pronostica tres "subsectores" productivos de futuro: "Lo relacionado con la biotecnología, por un lado; por otro, la logística ya que incrementa la productividad y, finalmente, el 'sector R': recuperación, reciclaje, etc."
¿Qué piensan otros economistas?
Un pronóstico, el de Santiago Niño Becerra, que, por supuesto, ha sido sometido a múltiples críticas. Para , Profesor del Instituto de Empresa, se trata de unas predicciones "muy catastrofistas". Aun así, este profesor reconoce que los volúmenes de deuda a devolver son muy grandes: "En el mundo hay un problema de endeudamiento que no se había producido así en la historia; esa deuda tenemos que pagarla y no va a ser fácil". Rafael Pampillón
No obstante, Pampillón subraya los síntomas de recuperación que se están produciendo en el mundo: "Se está produciendo un fuerte crecimiento de las bolsas mundiales; en EEUU están surgiendo señales que informan de que el mercado inmobiliario ha tocado fondo, de que las ventas de automóviles están aumentando; el crecimiento de China, India, Brasil, Egipto, Corea, etc. Todo esto parece anticipar una salida sincronizada de la crisis. Además, quizá en el último trimestre de este año el desempleo comience a reducirse".
Desde otro punto de vista, el Catedrático de Economía Aplicada de la Universidad de Sevilla, Juan Torres López, se muestra también crítico con el estudio de Niño Becerra: "Es una tesis muy atrevida y no comparto el análisis que hace". "Lo que sí es cierto es que el riesgo sistémico es permanente, y hemos estado a punto de ir a una debacle global si no hubiera habido intervenciones masivas como las que se han producido: estamos continuamente moviéndonos sobre un cable gracias a los mercados financieros y a la incompetencia de las autoridades". Torres, perteneciente al Consejo Científico de la organización internacional ATTAC, propone un impuesto a las transacciones financieras para reducir la desbocada especulación y dotar a las naciones de un fondo para reducir la pobreza y evitar este tipo de fenómenos críticos recurrentes. Los próximos años nos confirmarán quién acierta: la economía es imprevisible.