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El ejercicio físico no supervisado conlleva una elevada tasa de abandonos entre las mujeres postmenopáusicas obesas

La realización de ejercicio físico sin supervisión conlleva una alta tasa de abandonos e, incluso, ganancia de peso, según revela la tesis doctoral 'Beneficios de un programa de ejercicio físico en mujeres obesas postmenopáusicas', defendida en la Universidad Católica de Valencia San Vicente Mártir (UCV) por Francisco García González.
En este estudio, dirigido por los doctores Carlos Pablos Abella y Juan Carlos Ferrer García, Francisco García ha analizado la calidad de vida de las mujeres obesas postmenopáusicas. Así, se ha centrado en cómo afecta a su vida la realización de actividad física regular, con el fin de demostrar las ventajas de la realización de ejercicio físico mediante este tipo de programas y de advertir de los inconvenientes al seguir programas de ejercicio físico inadecuados.
Los objetivos principales de la tesis, que ha obtenido la calificación de sobresaliente 'cum laude', han sido analizar los efectos de la aplicación de un programa especializado de ejercicio físico en mujeres postmenopáusicas obesas sobre parámetros antropométricos, factores de riesgo cardiovascular, perfil hormonal, calidad de vida fuerza isométrica y resistencia aeróbica.
Para su estudio, García González seleccionó y distribuyó a 106 participantes en dos grupos: uno con recomendaciones por escrito de realización de ejercicio durante 150 minutos por semana; y otro sometido a las indicaciones de un programa de actividad física en el medio domiciliario (PEFA) con una duración total prevista de seis meses con el objetivo de mejorar la fuerza mediante ejercicios con bandas elásticas y la capacidad aeróbica mediante caminatas.
La tesis ha revelado que a los seis meses de iniciar el programa, los resultados muestran una pérdida de peso de 4,39 kilogramos en el grupo de intervención PEFA, una disminución del índice de masa corporal (IMC) de 1,87 kilogramos por metro cuadrado y una reducción en el porcentaje de masa grasa del 1,92 por ciento.
Por el contrario, los resultados en el grupo control muestran una ganancia de peso de 3,53 kilogramos, un deterioro del IMC de 1,49 kilogramos por metro cuadrado y un aumento de 0,94 por ciento en el porcentaje de masa grasa.
En cuanto a los tests relacionados con la calidad de vida, también se detectó una mejoría en el grupo de intervención PEFA: el test Euroqol mejoró en 0,313 puntos, la valoración subjetiva del estado de salud mejoró en un 14,21 por ciento y el test de Rosenberg, en 4,7 puntos. El grupo control, sin embargo, no muestra resultados concluyentes con significación estadística.
García González también sometió a los dos grupos a una marcha de dos kilómetros para valorar la resistencia física aeróbica y a ejercicios contra resistencias con bandas elásticas para estudiar los parámetros de fuerza en brazos y piernas. En el grupo PEFA se aprecia un aumento significativo de fuerza en miembros inferiores y una mejora no significativa en el tiempo empleado en la marcha y en la respuesta cardiaca a dicho esfuerzo y, por el contrario, en el otro grupo no se objetivan cambios destacables.
UN 29% DE ABANDONOS
La tesis doctoral también ha descubierto datos sobre la alta tasa de abandonos, ya que del total de participantes que iniciaron el ejercicio físico se produjo un 29 por ciento de deserciones, por lo que el investigador ha recomendado "clases con atención individualizada, llamadas telefónicas para aumentar la cumplimentación o reuniones para demostrar los resultados obtenidos, entre otras".
Por último, se ha calculado que "los costes de la obesidad suponen entre un 2 y un 8 por ciento del gasto sanitario global, que en España asciende a un 6,9 por ciento, lo cual supera los 2.507 millones de euros anuales", ha apuntado.
Finalmente, García González ha concluido que "la estrategia óptima de un programa de adelgazamiento consiste en la combinación de una restricción calórica moderada con la práctica regular e individualizada de ejercicio físico".