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Baño de multitudes del Papa en su segundo Domingo de Ramos como Pontífice

Con gesto serio y en actitud de recogimiento, así ha llegado el Papa Francisco a la Plaza de San Pedro. Ataviado con ornamentos rojos, ha recorrido en el papamóvil el camino hacia el obelisco de Sixto V, ante la mirada atenta de miles de fieles que esperaban este momento: La bendición de sus ramos y palmas con la que comienza la Semana Santa. Una de las más grandes, la de Francisco. Con ella ha encabezado la procesión hacia el altar mayor. Allí, midiendo bien los silencios, ha lanzado varias preguntas. Una invitación a la reflexión para los fieles y recuerdo para Juan Pablo II, en el momento en que un grupo de jóvenes brasileños ha pasado a los polacos el testigo de la próxima Jornada Mundial de la Juventud. Con ellos precisamente ha protagonizado uno de los momentos más tiernos de la ceremonia. El Papa se ha saltado el protocolo para compartir con ellos este afecto y algunas fotos. De nuevo en el papamóvil, besos y abrazos para los niños, para los enfermos, para los que más sufren. Porque a Francisco le gusta dar y recibir cariño.