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Un yerno de Ben Alí se somete a un acuerdo de arbitraje sobre fondos adquiridos de forma corrupta

Un yerno del expresidente tunecino Zine el Abidine ben Alí ha expresado este jueves su conformidad con ser parte en un acuerdo de arbitraje con la Comisión de la Verdad y la Dignidad sobre fondos adquiridos a través de medios presuntamente corruptos.
Slim Chibub, quien ha estado encarcelado por corrupción y blanqueo de dinero entre noviembre de 2014 y enero de 2016, se ha convertido así en la primera figura en hacerlo, según ha informado el portal local de noticias Tunisia Live.
El presidente de la comisión, Jaled Krichi, ha sostenido por su parte que cualquier acuerdo alcanzado a través del proceso de arbitraje anulará todos los juicios previos contra Chibub.
Así, ha explicado que todas aquellas personas que participen en el proceso de arbitraje podrían ver anuladas sus condenas, incluidos los periodos de cárcel que aún les queden por cumplir.
Ben Alí vive en Arabia Saudí alejado de los focos --han sido muy escasas sus apariciones o las noticias acerca de su persona-- junto a su mujer, Leila ben Alí, y sus tres hijos, aparentemente a salvo de la petición de extradición formulada por Túnez a la Interpol.
En el país árabe que una vez gobernó ha sido objeto de varios juicios, y, en el más sonado de todos, que finalizó en junio de 2012, fue condenado a cadena perpetua por complicidad en el asesinato de manifestantes durante el levantamiento contra su régimen, que se saldó con la muerte de al menos 338 personas a causa de la represión de las autoridades.
Además, tanto él como su mujer han sido condenados 'in absentia' a 35 años de cárcel y el pago de 91 millones de dinares tunecinos (unos 45,5 millones de euros) por malversación de fondos públicos; a 15 años por posesión de armas, estupefacientes y objetos históricos; y a seis años por corrupción y fraudes inmobiliarios.
Los casos de corrupción en los que estaba visiblemente implicada la familia Ben Alí y las figuras más cercanas al régimen fueron uno de los detonantes de las manifestaciones, con una población harta de los excesos de las autoridades y de la falta de derechos y beneficios sociales de los que disfrutaban la mayoría de los tunecinos.
En este sentido, el Banco Mundial --que previamente había aplaudido las políticas económicas de Túnez-- afirmó en un informe publicado en marzo de 2014 que el régimen de Ben Alí controló el sistema político, económico y judicial del país con el objetivo de enriquecerse.