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Lavrov dice que los insurgentes también deben entregar las armas químicas

El ministro ruso de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov, ha emplazado a los insurgentes a entregar las armas químicas con las que cuentan y que habrían sido arrebatadas al régimen del presidente sirio, Bashar al Assad, habrían llegado desde el extranjero o serían fabricadas en laboratorios clandestinos.
"Quienes financian a los grupos rebeldes, incluidos los extremistas, (deben) buscar un modo de exigirles que entreguen lo que han conseguido para que sea destruido", ha señalado Lavrov, según recoge la agencia de noticias RIA Novosti.
Estas armas habrían sido robadas en instalaciones militares del régimen, ya que los israelíes tienen pruebas, siempre según Lavrov, de que los insurgentes han entrado en al menos dos ocasiones en los distritos en los que se almacenaban estas armas. Además, las milicias sublevadas contarían con laboratorios propios para fabricar armas químicas o les habrían llegado desde fuera del país, según Lavrov.
Las milicias insurgentes consiguieron "algunos proyectiles procedentes del extranjero como nunca habían visto y no sabían cómo utilizarlos, pero finalmente los han utilizado", ha afirmado el ministro.
"Nuestros socios americanos dicen insistentemente que sólo el régimen tiene armas y es por eso que sólo el régimen podría haberlas utilizado. Que la oposición no tiene armas químicas, pero decir esto es malicioso", ha argumentado el responsable de la diplomacia rusa.
Por otra parte, Lavrov ha apoyado el regreso de los inspectores de la ONU sobre armas químicas a Siria para completar la investigación sobre el uso de estas armas en el país.
"Es lamentable que nuestros socios occidentales se hayan aprovechado de su influencia en la Secretaría de la ONU para que los expertos interrumpieran temporalmente su trabajo y se dedicaran precipitadamente a lo ocurrido el 21 de agosto", ha argumentado. Lavrov ha recordado que también hubo ataques químicos los días 22, 24 y 25 de agosto que también deben ser investigados.
El equipo de inspectores de armas químicas de la ONU estaba investigando la utilización de este armamento en distintos puntos del país cuando el 21 de agosto fue lanzado gas sarín en un barrio de Damasco. El secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, pidió a los expertos que interrumpieran su trabajo para investigar lo ocurrido en Damasco, donde según Washington murieron más de 1.400 personas.