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Testimonio desde México. Entre la psicosis y la incredulidad

Aunque el viernes no fue al trabajo hizo una vida normal. Fue al cine en transporte público y sin "tapabocas" como ellos llaman a las mascarillas. En el cine había sólo una decena de personas . Ninguna de ellas llevaba protección. Ya esa noche se suspendieron los conciertos y actuaciones multitudinarias en la ciudad.
Durante el día hubo varios informes de las autoridades sobre el impacto de la gripe. Mariana dice que la información oficial les está llegando  a través de los medios de comunicación pero el problema es que los mexicanos no creen a la clase política. El resultado de esta falta de confianza es de lo más dispar: mientras el pánico ha cundido entre una parte de la población, otros creen que todo es una invención para desviar la atención de la gente de algún otro tema espinoso. Algunos lo comparan con el Chupacabras, un animal mítico que nunca existióm, pero otros acuden en masa a los centros de salud ante un síntoma sospechoso, se lavan las manos continuamente o rechazan el saludo de un amigo por miedo a resultar contagiado.
Por la Red circulan correos alarmistas. Mariana ha recibido algunos. En uno le recomiendan no salir de casa a menos que sea imprescindible.
Ella no conoce a ningún afectado pero sí tiene amigos que conocen a alguna de las víctimas.
El sábado salió en su coche a unos recados e hizo su propio recuento: cuatro de cada diez personas con las que se cruzó llevaban tapabocas. Sabe por la televisión que incluso soldados del Ejército están repartiéndolos en la ciudad pero ella no se ha cruzado con ninguno. Sí ha visto a vendedores ambulantes que están aprovechando la gripe para hacer el agosto.