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UNICEF muestra su "indignación" por el ataque contra un hospital de MSF en Boguila

El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) ha expresado este martes su "indignación" por el ataque ejecutado el sábado contra un hospital de la organización Médicos Sin Fronteras (MSF) en la localidad centroafricana de Boguila, en el que murieron 22 personas, entre ellos tres trabajadores humanitarios.
"Los ataques a instalaciones y al personal sanitario son una grave violación de los derechos de los niños a la salud y compromete seriamente nuestra capacidad para proveer ayuda crucial a aquellos que más lo necesitan", ha dicho el director regional de UNICEF para África Central y Occidental, Manuel Fontaine.
Así, Fontaine ha pedido a las partes implicadas en el conflicto que respeten los centros de salud como "instituciones neutrales y refugios para tratar a los niños, a los heridos y a los enfermos".
MSF anunció el lunes que el "inadmisible ataque" contra su hospital les ha obligado a retirar a parte de su personal y a suspender su actuación en este enclave. En un comunicado, la ONG denunció el asesinato de civiles desarmados en un lugar que estaba claramente identificado como estructura de la organización y sin que existiera ningún tipo de provocación previa.
En su comunicado, la organización responsabilizó a antiguos rebeldes de Séléka del ataque. Según dijo, varios hombres "irrumpieron en una reunión que había organizado el personal de MSF con 40 líderes locales, y en la que se hablaba sobre el acceso a la salud y a la atención médica en la zona".
El hospital de Boguila, que MSF gestiona desde 2006, cuenta con 115 camas y proporciona asistencia primaria y secundaria de salud a una población estimada de 45.000 personas.
Asimismo, el personal de la ONG da apoyo a siete puestos de salud en los alrededores de la localidad. Cada mes, el personal pasa entre 9.000 y 13.000 consultas médicas y trata hasta 10.000 pacientes de malaria.
ATAQUE CONTRA UN CONVOY
Por otra parte, la Misión de Naciones Unidas en República Centroafricana (MINUSCA) y el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) han condenado el ataque ejecutado el lunes contra un convoy humanitario que transportaba a un grupo de musulmanes a un lugar seguro, que se saldó con dos muertos y seis heridos.
Unos 1.300 musulmanes estaban siendo escoltados por fuerzas de paz para escapar de la violencia de milicianos cristianos. El convoy, compuesto por 15 vehículos, fue atacado con disparos cuando pasaba por una zona de vegetación abundante.
La ONU ha cifrado en miles el número de muertos y en 2,2 millones --alrededor de la mitad de la población-- el número de personas que necesitan ayuda humanitaria desde el inicio en diciembre de 2012 del conflicto tras el levantamiento armado de la guerrilla Séléka, formada principalmente por musulmanes.
Además, más de 650.000 personas son desplazados internos, mientras que más de 290.000 han huido a los países vecinos buscando refugiarse lejos del conflicto, que ha tomado un cariz crecientemente sectario con la toma de las armas por parte de las milicias cristianas.
Como consecuencia de ello, alrededor de 15.000 musulmanes se encuentran atrapados en la capital, Bangui, y otros puntos del norte, el noroeste y el sur del país, protegidos por las fuerzas internacionales, pero en una situación aún así peligrosa.