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Bruselas, asediada por el terrorismo yihadista

Poco antes de las ocho de la mañana con el aeropuerto Zaventem de Bruselas lleno de pasajeros se producían dos explosiones consecutivos. Dos estallidos en la terminal de salida, cerca de los mostradores de facturación. Se desataba el pánico. Con la humareda de fondo los pasajeros intentaban huir. En estado de shock mucho trataban de  abandonar el edificio. En el interior, muertos  y heridos. Las autoridades hablan de al menos un terrorista suicida  y se podría haber encontrado algún explosivo sin detonar. Algunos  testigos cuentan que antes de las explosiones se habrían escuchado disparos, mientras unos pasajeros  intentaban salir del edificio. Otros deambulan desconcertados por las pistas. Lo primero es sacar a la gente de aquí, llevarles a una zona seguridad gritaba este empleado. pero no la tragedia no ha terminado porque una hora después.  El llanto de un bebé desconsolado rompe la oscuridad del metro, mientras la voz de una mujer intenta organizar a los demás. Los pasajeros del vagón, conmocionados, van bajando y caminan por la vía, a oscuras, entre el humo hacia la estación más cercana.  En este otro vagón, la mujer del chaleco gris, una revisora del metro  tranquiliza a todos, mientras van bajando. Son las 9 y 11 minutos de la mañana. Una bomba acaba de estallar en la cercana estación de Maelbeek. Por eso, todos estos convoyes han tenido que detenerse dentro de los túneles y se han activado las luces laterales de emergencia. En el exterior de esa estación...una columna de humo y los heridos, que se acumulan en las aceras, tapados con mantas térmicas. Algunos, como ella, recién vendada, llama a su familia mientras aparta las gasas y llega un nuevo equipo de emergencias. Hacen falta hasta camillas y tan pronto como quedan libres, corren con ellas a buscar más víctimas. Estamos en pleno corazón de Bruselas, junto a los edificios de las instituciones europeas y hasta aquí, debajo de un puente, se han improvisado las curas. Una última explosión que ha terminado de paralizar el corazón de la ciudad.