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Los engañados por el 'carcelero de Amstetten'

Los primeros resultados de los interrogatorios no dejan dudas de que el perverso secuestrador engañó de forma magistral a todo aquél que se cruzó por su vida. Alfred ha vivido 12 años justo encima del sótano donde el 'carcelero de Amstetten' cometió sus atrocidades. Reconoce que a menudo oía sonidos que provenían de allí. Y que su vecino solía introducir grandes cantidades de comida a altas horas de la madrugada. Pero sólo se extrañó cuando le oyó decir que algún día entraría en la Historia.
El juez Schluegl es otro de los engañados por Fritzl. Le concedió la custodia de uno de sus nietos, sin saber que era en realidad su hijo, tras leer una carta en la que Elisabeth pedía a sus padres que cuidaran del pequeño y que no intentaran buscarla. "Imposible imaginar", dice el juez, "que estaba secuestrada y le habían obligado a escribirla".
Según la policía, hay otra carta, de 2007, en la que Elisabeth anuncia un próximo regreso al hogar. Es posible, por tanto, que Fritzl pensara acabar con la tortura de su hija.
Esta es una de las pocas bazas con la que cuenta su abogado. Defiende que el hombre al que todo el mundo llama monstruo se encuentra "emocionalmente roto"; una opinión bien distinta a la que sostienen los investigadores, con los que el detenido no ha vuelto a querer hablar.
Han aclarado que Fritzl no tiene antecedentes, pero aseguran que van a rastrear todo su pasado. Una de las pistas lleva hasta un lago, situado al norte del país. En 1986 se encontró aquí el cuerpo de una joven, Martina Posch (en la imagen). Ahora se ha sabido que, en aquel tiempo, los Fritzl eran propietarios de una pensión de la zona, y se ha decidido reabrir el caso. AV