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La llamada de Maliki a la reconciliación se enfrenta a una dura oposición

La llamada a la reconciliación lanzada recientemente por el primer ministro iraquí, Nuri al Maliki, se ha encontrado con la oposición de varios grupos políticos, en especial con la de su socio de gobierno, el Consejo Supremo Islámico (CSI) de Abdelaziz al Hakim.
Esta oposición al llamamiento a la unidad de Al Maliki ha despertado en muchos el miedo a una nueva división comunitaria y étnica, como la que estuvo a punto de arrastrar al país a una guerra civil entre los años 2006 y 2007.
El pasado día 6, Al Maliki instó a la unidad de todos los iraquíes, e incluyó a todos los miembros del ilegalizado partido Baaz que se retracten de la política de esta agrupación durante su monopolio del poder en Irak.
Saderedin al Qabanyi, dirigente del CSI en la provincia de Nayaf, 170 kilómetros al sur de Bagdad, ha respondido al primer ministro iraquí asegurando que el Baaz, "es el enemigo número uno del pueblo iraquí".
"Cualquier reconciliación que incluya a ese partido (el Baaz) será considerada un paso ilegítimo y no recibirá nuestra bendición", dijo Al Qabanyi.
El partido Baaz, que llegó al poder en Irak en 1968 fue ilegalizado tras la invasión estadounidense de marzo de 2003 por Paul Bremer, que ocupó el cargo de gobernador del país durante 14 meses, entre mayo de 2003 y julio de 2004.
El dirigente del CSI defendió una reconciliación, pero "con ciertas condiciones, entre ellas el no retorno del partido Baaz, y la no inclusión de aquellos que tienen las manos manchadas de sangre o de quienes no renuncian a la lucha armada".
El Consejo Supremo Islámico sufrió un serio revés en las pasadas elecciones provinciales celebradas el 31 de enero en las que se impuso la coalición liberada por el partido Al Dawa, encabezado por Nuri al Maliki.
Esta postura también es compartida por el dirigente del suní Partido Islámico, Abas al Bayati, que aunque se mostró mas flexible que Al Qabanyi, declaró que "los antiguos miembros del Baaz que quieran regresar a Irak como individuos normales, lo pueden hacer, pero el Baaz debe permanecer prohibido".
A pesar de estas críticas, el proyecto de Al Maliki ha sido bien acogido por una parte importante del espectro político que considera que su aplicación ayudaría a acabar con las profundas divisiones que separan a los iraquíes.
El activista y analista político Abdelrahman Nuri comentó a Efe que la llamada del primer ministro ha arrinconado a quienes defienden una política basada en la identidad comunitaria y étnica "porque sus actitudes sectarias no pueden continuar en la arena política".
Incluso dentro del Consejo Supremo Iraquí algunos dirigentes como el vicepresidente del país, Adel Abdel Mahdi, han defendido la postura de Al Maliki
Mahdi se reunió el pasado lunes con dirigentes del Baaz en Bagdad para discutir "los medios para reforzar el proceso político y fomentar la armonía entre las distintas facciones", según anunció un comunicado de su oficina.
"El nuevo Irak está con todos sus hijos para construir un país de ciudadanos y constitucional", dijo el responsable chií.
Por su parte, el principal aludido, el partido Baaz, rechazó con contundencia la llamada del jefe del Gobierno a través de un comunicado publicado en internet y firmado por Ezat Ibrahim al Duri, antiguo "número 2" del régimen de Sadam Husein.
Para Al Duri, que se encuentra en paradero desconocido, la reconciliación con el partido Baaz pasa por la "abolición del proceso político" actual.
"Los baazistas rechazan cualquier diálogo y cualquier reconciliación con espías, agentes y traidores", dijo Duri ante el nuevo intento de Al Maliki de unificar a las distintas facciones del país en un Irak en el que ya ha comenzado la retirada de las tropas extranjeras que colaboran con el régimen en el mantenimiento de la seguridad.