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El tesoro de la isla Robinson Crusoe

El archipiélago, a 670 kilómetros del Chile continental, vivie en el Pacífico entre la pesca de langosta y el turismo, dos fuentes de riqueza que le proporcionan ser un Parque Nacional único, por sus especies vegetales y animales, también por ser la isla donde Alexander Selkirk, marino-pirata británico, pasó cuatro años como náufrago, historia que inspiró a Daniel Defoe para su "Robinson Crusoe". Vivir en mitad del Océano, y en una zona caliente para los terremotos, hace que sus menos de 700 habitantes estén entrenados para reaccionar ante una alerta. Esta vez la alerta no llegó, al menos no de manera oficial.
La Armada de Chile no emitió aviso de tsunami (eso le ha costado el puesto al comandante responsable del Servicio Oceanográfico e Hidrográfico) y eso ha ocasionado la mayoría de víctimas, en el continente y en el archipiélago juanfernandino. De hecho en Isla Robinson (donde hay identificados 7 cadáveres) las víctimas lo han sido por esa falta de aviso oficial. La mayoría de los habitantes y de los visitantes que estaban durmiendo en ese fatal momento se salvaron gracias a uno de los suyos: una niña a la que conocimos en nuestro viaje: Martina Maturana, de 12 años, hija de un carabinero, que oyó hablar a su padre con el abuelo en Valparaíso, de un terremoto que acababa de ocurrir; salió corriendo a avisar a la población haciendo sonar el gong en la plaza del pueblo, como está estipulado.
Muchos pudieron ir hacia la vía de evacuación que asciende hacia la montaña (una carretara como un cortafuegos que sorprende al extraño cuando arriba). Pero olas de más de 12 metros de altura se tragaron todo: casas, enseres y personas. Una de ellas fue nuestro "Puntito", y digo nuestro porque después de vivir tres días en casa de sus abuelos, Jimena y Willy (queridos) , de verlo a diario, encantado con nuestra presencia, de verlo reir de forma constante, jugando, acompañándote a caminar, el pequeño Joaquín de 8 años era también nuestro niño.
La tristeza por la pérdida es irreparable. Allí también se da por muerto al español Miguel Medina, que formaba parte de un grupo de botánicos que acababa de llegar a la isla. La población de San Juan Bautista, la única en el archipiélago, ha quedado destrozada, sólo se han salvado las casas situadas subiendo la montaña (qué habrá sido de Güagüy y de su familia). Nada ha quedado de nuestro alojamiento, la Hostería Martínez Green, los abuelos de Puntito, ni de la Municipalidad, de la tienda de buceo, de la sede de la Armada, de Correos, de las tiendas (me pregunto por Teresa, pasamos ratos en el único ciber). Ya no está la figura en madera de Selkirk dando la bienvenida en el muelle.
Durante tres días los más de 300 expedicionarios de la Ruta Quetzal BBVA convivimos con los más de 600 habitantes de isla Robinson Crusoe. Nos quisieron y les quisimos (deliciosa despedida con "perol" de langosta, vidriola, pulmo y cangrejo) y ahora queremos rendirles un pequeño homenaje invitándoles a ustedes desde estas páginas a revisitar con nosotros la crónica de este viaje.