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Las últimas horas de un condenado a muerte

El método de la inyección letal se aplica administrando tres productos. Foto: AP.telecinco.es
Lynd está acusado de haber matado a su novia en 1988. Según los documentos judiciales Virginia Moore, la víctima, recibió tres disparos, el último de ellos mortal. Después Lynd enterró su cuerpo en una fosa en el condado de Tift y se fue a Ohio, donde mató a otra mujer con el mismo arma.

Los abogados del condenado se han apresurado a pedir al Tribunal Supremo que aplacen su ejecución al considerar que existen dudas sobre las pruebas presentadas por la fiscalía durante el juicio que se llevó a cabo en el año 1990. El Tribunal Supremo de Justicia del estado podría aceptar la apelación presentada.

Moratoria de siete meses

Con esta ejecución se rompe con la moratoria que se inició en septiembre del año pasado en Kentucky gracias al cuestionamiento del método por parte de dos condenados a muerte. Argumentaron que la inyección letal violaba la Constitución al infligir un dolor cruel e innecesario al condenado.
 

La respuesta por parte de los jueces fue contundente. "Los demandantes no probaron que el riesgo de sufrimiento vinculado a una mala administración de la inyección letal, constituye un castigo cruel", indicó el presidente del Tribunal Constitucional, John Roberts.

La crueldad de la inyección letal

La inyección letal consiste en la administración de tres productos: el primero duerme al condenado, el segundo paraliza sus músculos y el tercero para su corazón. En principio, la persona pierde el conocimiento y muere en pocos minutos. Pero, no siempre ha sido así. Cuando el producto ha sido mal administrado, el método ha resultado extremadamente doloroso. Así lo indican varios estudios científicos y una serie de reos que sufrieron ejecuciones fallidas.

Sea como fuere, como mínimo, queda la duda de hasta qué punto este método es 'humano'. Y más allá se plantea el problema de cómo compensar a los inocentes que fueron ejecutados. Sólo en la última década cientos de personas fueron condenadas en Estados Unidos por un delito que no cometieron.