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Malos 'airiños' para Zapatero, oxígeno para Rajoy

"Votar a Touriño es lo mismo que votar a Zapatero en las generales". Así de contundente cerró la campaña gallega el presidente del Gobierno. Apostó fuerte… y ha perdido. Lo que todavía está por ver es si este revés se transformará en algo aún más profundo para el PSOE, ya que resulta evidente lo que ha significado para Emilio Pérez Touriño. Convocas las elecciones, y pierdes. Tu rival rehuye el debate, y pierdes. El gran fichaje de tu contrincante cae por unos pagos en las Islas Caimán, y pierdes. Llaman 'maricón' a uno de tus consejeros, y pierdes. Maltratador, son rumores, a tu socio y vicepresidente, y pierdes. Un antiguo cargo de tu adversario envuelto en una presunta trama corrupta, y pierdes. Defiendes tu presidencia de la Xunta, y pierdes. El presidente de España te apoya, y pierdes. Cuatro ministros gallegos te arropan, y pierdes. Son muchas derrotas a la vez.
Por perder, pierdes hasta los vaticinios que aseguraban que al Ejecutivo bipartito le beneficiaba una participación alta. Ha subido más de cuatro puntos, exactamente los mismos que ha perdido el PSdeG con respecto a 2005.
Está claro que el 1 de marzo quedará marcado en la historia socialista. Ahí se ha cerrado el paréntesis que ha supuesto la efímera vuelta a la Xunta tras lustros de dominio popular. Cuatro años en los que no han sabido, por algo será, mantener siquiera sus votos. Ni socialistas ni los nacionalistas de Anxo Quintana y su BNG en la primera, y breve, experiencia de Gobierno. Porque la sangría ha sido compartida, con un escaño menos para cada uno. Bajada pequeña, pero más que suficiente para perder en una tierra que vuelve a ser bastión popular.
No les valía con ganar. Necesitaban una mayoría absoluta que sólo por un escaño no logró Manuel Fraga. Ahí estaba la primera pista. El PP es mucho PP en Galicia. Pero los populares no podían fallar. Mariano Rajoy no podía fallar. Y menos en su cuna. Se tomó estas elecciones, qué remedio le quedaba, como algo personal. Con lo revuelto que estaba el panorama en Madrid, y tal vez por eso mismo, se volcó con Alberto Núñez Feijóo. Hasta eclipsarlo.
De quince días ha pasado trece de campaña allí. No le ha dado mala suerte, aunque tampoco a ella hay que achacar en exclusiva la victoria popular. Un discurso sin contemplaciones, duro por momentos, hasta ofensivo en algunas ocasiones. Que si unos coches oficiales caros, que si unos despachos de lujo, que si un chalé con bonitas vistas a nombre de José Blanco… Sin desaprovechar, más bien basándose, en la crisis económica, que mientras ahoga a unos cuantos a Rajoy, parece, le ha dado una gran bocanada de oxígeno. Eso sí, le ha valido con mantener los votos de hace cuatro años en Galicia para no derrumbarse en toda España.