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Margallo dice que en los medios catalanes hay un "muro de silencio" y que su debate con Junqueras fue "una grieta"

El ministro de Exteriores en funciones, José Manuel García-Margallo, ha defendido este viernes su decisión de debatir con el presidente de ERC, Oriol Junqueras, porque fue aprovechar "una grieta" en lo que ha llamado "un muro de silencio" en los medios de comunicación en Cataluña.
Según ha dicho, sabía que iba allí a que le diesen "guantazos" y que iba a estar "en desventaja absoluta", pero cree que su obligación era ir porque en Cataluña "hay mucha gente que está angustiada y la obligación de un Gobierno es dar seguridad".
"Los españoles que ven amenazado su derecho a ser europeos se merecen que corras algún riesgo", ha defendido, antes de tirar de ironía: "Yo no soy Manolete pero tampoco quiero ser el bombero torero".
En una entrevista en RNE, recogida por Europa Press, Margallo ha tachado de "perfecta tontería" que se le acuse de haber dado a Cataluña rango de nación por el hecho de hablar de este asunto siendo ministro de Exteriores.
Además, ha relatado que desde que ocupa ese puesto todos los viernes se ha reunido un grupo que analizaba lo que sucedía en Cataluña y que ha preparado un argumentario, titulado 'Por la convivencia democrática', que es el que utilizan todas las embajadas y consulados "para contrarrestar el relato independentista, porque esta batalla se juega fuera".
Y además, ha relatado que durante la presidencia española del Consejo de Seguridad de la ONU se ha logrado, aunque costó "muchas horas", que todos los países firmasen una declaración que establece que siempre rige el principio de integridad territorial, salvo en los casos de colonias, de territorios ocupados militarmente o territorios donde no se respeten los derechos de los ciudadanos.
Por eso, ha dicho, una Cataluña que haga una declaración unilateral de independencia "no sería reconocida nunca como Estado" y por lo tanto, no podría ni siquiera pedir la adhesión a la UE, porque el artículo 49 del Tratado dice que pueden pedirla los "Estados europeos". En términos prácticos, ha añadido, eso supondría que el nivel de bienestar de los catalanes caería un 30 por ciento.