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Obama y Lula buscan la afinidad personal en su primer cara a cara

El presidente de EE.UU., Barack Obama, y su par brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, se verán cara a cara mañana por primera vez en el despacho oval de la Casa Blanca, donde intentarán empezar con buen pie una relación que prometen estrechar.
Energía, cambio climático y, por supuesto, la crisis económica, serán los temas que dominarán la conversación entre ambos, según la Casa Blanca.
Da Silva será el primer líder latinoamericano que el mandatario estadounidense recibirá en la Casa Blanca, aunque su homólogo de México, Felipe Calderón, se entrevistó con Obama días antes de que jurara como presidente.
Más que buscar acuerdos específicos, el encuentro es una primera toma de contacto que pretende establecer afinidad entre los mandatarios que facilite la relación entre los dos países, de acuerdo con los expertos.
"Creo que es estupendo que se conozcan desde el principio, en los primeros 50 días de Obama en el cargo", dijo a Efe Carla Hills, quien fue representante de Comercio Exterior de Estados Unidos durante la administración de George H. W. Bush.
"Los intereses comunes son enormes, los dos países sufrimos por la crisis económica y no podemos aislarnos del resto del mundo, podemos hablar abiertamente sobre qué podemos hacer para fomentar el progreso a nivel global, lo que nos beneficiará a nivel particular", señaló Hills.
El multilateralismo abrazado por Obama es algo que le acerca a Lula, que ha intentado sacar a Brasil de su tradicional retraimiento y colocarle en el centro de los debates internacionales.
Estados Unidos ha colaborado con el país suramericano principalmente en la promoción del etanol y la lucha contra la malaria y el sida en África.
Ese vínculo "es un reconocimiento del emerger de Brasil en el mundo y creemos que estamos en un punto en el que será posible hacer realidad todo el potencial de esa relación en los próximos meses y años", explicó hoy en una rueda de prensa Thomas Shannon, el secretario de Estado adjunto para América Latina.
Aunque existe mucha similitud de intereses entre ambas naciones, también hay algunos puntos menores de tensión.
Uno de ellos es el comercio. Brasil ha protestado abiertamente sobre la cláusula "Buy American" del plan de estímulo económico de Estados Unidos, que privilegia a la industria nacional.
La disposición fue modificada respecto a su versión original y ahora especifica que el Gobierno respetará en todo momento las obligaciones contraídas en los tratados comerciales internacionales, después de que sus socios comerciales, incluido Brasil, pusieran el grito en el cielo.
Otro de los asuntos peliagudos es el arancel de 54 centavos por galón (3,8 litros) con el que Estados Unidos grava la importación de etanol brasileño para proteger a sus productores.
El Gobierno de Brasil, cuyo etanol de caña de azúcar es más barato que el que sacan las destilerías estadounidenses de maíz, ha solicitado reiteradamente a la Casa Blanca la eliminación de esa barrera aduanera.
Además, un caso familiar ha enturbiado recientemente las relaciones entre ambos países. El protagonista es Sean Goldman, un niño al que su madre, Bruna, se llevó a Brasil cuando tenía cuatro años y que su padre, David Goldman, lucha por recuperar.
El caso ha llegado incluso a conocimiento de Obama, según Shannon. La secretaria de Estado, Hillary Clinton, llamó el jueves a David Goldman para "recalcar la importancia del caso" para Estados Unidos, de acuerdo con el funcionario.
Dependerá de Obama si quiere sacar el tema a colación durante su encuentro con Lula, dijo Shannon, quien afirmó que "Sean Goldman debe volver con su padre. El Gobierno de Brasil cree lo mismo y lo ha dicho públicamente".
Un tratado ratificado por Brasil y Estados Unidos obliga al retorno de Sean a Estados Unidos, donde las cortes deberán determinar quién tendrá la custodia, pero el gobierno de Brasilia no ha querido meterse en el caso.
"Es un asunto que está en la justicia, del derecho de familia", declaró hace unas semanas en Washington el canciller, Celso Amorim, tras una reunión con Clinton para preparar el encuentro entre los presidentes.
Ambos gobiernos creen que esas diferencias no amargarán una relación entre los dos países que prometen fomentar.