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Obama visitará México en medio de preocupación sobre el comercio y el narcotráfico

El presidente de EE.UU., Barack Obama, visitará México los próximos 16 y 17 de abril, en momentos en que la relación bilateral sufre fricciones comerciales y ambos países buscan aumentar la cooperación contra el narcotráfico.
Obama anunció hoy su visita a México, la primera que hará a un país latinoamericano, en una reunión con congresistas hispanos.
Durante su estancia en ese país, inmediatamente antes de viajar a Trinidad y Tobago para participar en la Cumbre de las Américas, el presidente estadounidense abordará en detalle con su colega mexicano, Felipe Calderón, las "profundas y exhaustivas" relaciones bilaterales, informó la Casa Blanca.
En concreto, según la Casa Blanca, ambos mandatarios abordarán la colaboración en la lucha contra la violencia procedente del narcotráfico y los pasos hacia una reforma migratoria "exhaustiva y efectiva".
En su reunión de hoy con los congresistas hispanos, Obama prometió invertir "capital político" en esa reforma migratoria, algo muy deseado en su vecino del sur y que por el momento ha quedado de lado ante la gravedad de la crisis económica.
El encuentro entre los dos presidentes será el segundo en lo que va de año, pues ya se vieron el 12 de enero en Washington, días antes de que Obama asumiera la presidencia.
La visita de Obama a México tendrá lugar después de la de su secretaria de Estado, Hillary Clinton, que viajará a ese país entre el 25 y el 26 de marzo.
Las relaciones entre los dos países atraviesan un momento delicado por las fricciones comerciales y en torno a la cooperación para atajar la violencia procedente del narcotráfico.
El lunes, México anunció que aumentará los aranceles a 90 productos estadounidenses.
Esa medida se produce en represalia por la cancelación en el Congreso de EE.UU. de un programa piloto para la circulación de camiones mexicanos por su territorio.
Obama ha pedido a su Gobierno que colabore con el Congreso para presentar un programa piloto alternativo.
Según el portavoz de la Casa Blanca, Robert Gibbs, en un momento de ralentización económica el Gobierno estadounidense no quiere crear "una barrera contra esa valiosa alianza comercial" que mantiene con México.
Las conversaciones entre Obama y Calderón estarán también dominadas por el aumento de la violencia procedente de los carteles mexicanos en la frontera.
EE.UU. ha expresado su alarma porque la violencia se está extendiendo a su lado de la frontera, mientras que México se encuentra molesto por el reciente recorte de los fondos a la Iniciativa Mérida para la lucha contra el narcotráfico y pide a su vecino del norte que ataje el consumo y la financiación.
En ese contexto, Obama ha pedido una actualización de la cooperación y una estrategia exhaustiva "en los próximos meses" entre EE.UU. y México para hacer frente a esa lacra.
Esa estrategia buscará, entre otras cosas, "asegurarnos de que atajamos el flujo del dinero del narcotráfico y las armas hacia el sur, porque realmente es un problema de dos vías", comentó Obama en declaraciones a medios regionales de EE.UU. la semana pasada.
"Las drogas van hacia el norte y nosotros enviamos financiación y armamento al sur", explicó entonces.
Obama ha descartado que vaya a producirse una "militarización" de la frontera con México, aunque ha indicado que estudia si es pertinente el envío de un contingente de la Guardia Nacional a la zona, como ha solicitado el gobernador de Texas, Rick Perry.
La violencia de las bandas narcotraficantes dejó el año pasado un saldo de cerca de 5.600 muertos en México y en lo que va de 2009 la cifra ronda el millar.
El presidente estadounidense y Calderón también tienen previsto abordar, entre otros asuntos, la cooperación en cuestiones de medioambiente y energías alternativas, un asunto que ya trataron en su reunión en enero.
Los dos mandatarios, que habrán coincidido dos semanas antes de su reunión en México en la cumbre del G-20 en Londres, también hablarán de la situación económica internacional.
México comienza a sentir la debilidad de su vecino del norte, dado que recibe menos remesas de sus trabajadores en EE.UU. y cuenta con menos demanda para sus exportaciones, el 80 por ciento de las cuales van a parar al otro lado de la frontera.