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Brecha abierta entre el PSC y los críticos

16 de enero. El Parlament pide formalmente al Gobierno las competencias para organizar referendos, un paso más hacia la consulta. Entre los votos a favor, el de tres diputados díscolos del PSC. Es el último episodio de una relación tormentosa y que pasa por su momento más delicado 35 años después del Congreso de la Unidad Socialista en Cataluña. La historia no es nueva. Sitges, 1994. Primera brecha entre el aparato del partido y el sector más catalanista. El peso de Pasqual Maragall vuelve a equilibrar al PSC. Su asignatura pendiente, la Generalitat, a la que acaba llegando tras el pacto del Tinell, con Esquerra e Iniciativa. A partir de ahí, una sangría de votos autonómica. "Hoy he perdido unas elecciones". Y, sin embargo, un ascenso en las generales, roto, eso sí, por el descalabro del PSOE hace dos años. Las aspiraciones soberanistas por un lado, el tirón de otros partidos por otro da una mezcla que deja tocado al partido, al que le cuesta fijar su posición. En Granada, finalmente PSOE y PSC plantean su alternativa federalista. "Lo vamos a hacer los socialistas con el Partido de los Socialistas de Cataluña". Que, aún así, no todos comparten. Àngel Ros, alcalde de Lérida, renuncia a su acta. "Éste es un proyecto colectivo, no un proyecto personal". Pero los otros tres no han dimitido y al menos Marina Geli ya ha dicho que no piensa ceder. La duda, ahora, si serán expulsados. Sería la lógica, pero dirigentes del partido han pedido a Pere Navarro que no lo haga. El dilema, el posible coste político y electoral o afrontar el riesgo de una escisión.