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El Supremo rebaja la condena a un hombre que urdió una trama para acusar de narcotráfico al novio de su expareja

Convenció a un amigo inspector-jefe para montar un falso dispositivo policial que acabó con el traslado de la víctima en comisaría
El Tribunal Supremo ha rebajado de 4 años a uno y medio de prisión la condena de un hombre que urdió una trama para acusar de narcotráfico al novio de su expareja, de la que tenía una orden de alejamiento tras ser denunciado por amenazas.
Además, la Sala de lo Penal ha reducido de 5 a tres años de cárcel la pena del amigo al que convenció para atemorizar y dar un escarmiento al novio de su anterior pareja. Este hombre utilizó su cargo como inspector-jefe de Policía para montar un dispositivo policial que acabó con el traslado de la víctima a comisaría para comprobar si portaba cocaína.
La sentencia, de la que ha sido ponente el magistrado Carlos Granados, considera que ambos son culpables de un delito de detención ilegal, pero aminora la pena impuesta por la Audiencia Provincial de Segovia al haber puesto en libertad al afectado dentro de los tres primeros días de detención.
El alto tribunal acoge el criterio del Ministerio Fiscal que pedía aplicar el tipo atenuante de este delito porque la puesta en libertad se produjo de manera voluntaria antes del transcurso de tres días.
NO ERA DROGA, SINO HARINA
Según los hechos probados, David L. contó a su amigo José Ramón M. los problemas personales y judiciales que mantenía con su expareja y que ésta convivía con su actual novio, quien había declarado en su contra ante el juez.
Con la intención de escarmentar a este hombre, los dos amigos decidieron poner en marcha un plan por el que el inspector-jefe simularía que la víctima era sospechoso de traficar con cocaína para montar un operativo policial contra él.
David contrató los servicios de dos detectives que siguieron al perjudicado para conocer su lugar de trabajo, vehículo particular y demás referencias para preparar la operación. Ésta se practicó finalmente a primeras horas de la mañana del 25 de septiembre de 2008, cuando el hombre salió de su domicilio para ir a trabajar a bordo de su vehículo.
En ese momento, fue interceptado por un grupo de agentes que actuaron a las órdenes del inspector bajo la creencia de que iban a detener a un supuesto traficante de cocaína. Tras una primera batida infructuosa, una policía encontró un pequeño envoltorio en el coche, que previamente había sido colocado por José Ramón para hacer creer que se trataba de algún estupefaciente.
LA VÍCTIMA NECESITÓ UN MES DE ANTIDEPRESIVOS
Tras ello, el inspector-jefe invitó al supuesto traficante a acompañarle a comisaría para realizar un narco-test a la sustancia intervenida. En dependencias policiales, el mando se introdujo en un despacho para simular que practicaba la prueba y después salió para comunicar a los agentes y al detenido que el envoltorio no portaba droga, sino harina.
A consecuencia de los hechos, la víctima sufrió un trastorno adaptativo ansioso y necesitó de tratamiento médico durante un mes con la toma de antidepresivos. Los acusados deberán indemnizarle con 1.200 euros.