Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

Testigos destacan la frialdad del acusado de asesinar a su exmujer en Granada después del supuesto atropello

Los guardias civiles que elaboraron el atestado no dudan en que la mujer fue atropellada de manera intencionada y descartan un accidente
Los testigos que acudieron en primer lugar a atender a Concepción Peñate, la mujer que fue presuntamente atropellada mortalmente por su exmarido en la A-44, a la altura del Suspiro del Moro, han destacado este miércoles la frialdad del hombre, que, mientras intentaban reanimar a la víctima, llegó a decir con "ironía" "Qué, ¿se ha muerto ya?".
Durante la segunda sesión del juicio que se sigue en la Sección Segunda de la Audiencia Provincial de Granada, ha declarado un testigo que, mientras circulaba por la autovía, se percató de que una mujer estaba tumbada en el arcén y, cerca de ella, un vehículo, y a unos 20 metros un hombre llamando por su teléfono móvil. Cuando se acercó al hombre, el acusado por estos hechos, y le preguntó qué había pasado, éste le contestó que la mujer se había tirado del coche en marcha cuando estaban discutiendo.
Este testigo paró a un motorista para que le ayudara y entre los dos intentaron reanimar a la víctima, a lo que el procesado dijo "Qué, ¿se ha muerto ya?". "Entonces yo me olí que no se había tirado" ha señalado el testigo, que ha incidido en que el acusado "en ningún momento" se acercó para prestar auxilio a su exmujer.
El motorista, que resultó ser policía nacional, ha declarado por su parte que el hombre parecía "impasible" ante lo que había sucedido, e incluso "frío y calculador". Además, ha explicado que cuando sospechó lo que había pasado instó al hombre a introducirse en su vehículo y le quitó las llaves, a la espera de que llegara al lugar la Guardia Civil y le tomara declaración. En su opinión, a la vista de la escena, "estaba cantado" que lo que había sucedido allí era que el hombre había atropellado hasta la muerte a su exmujer, que estaba "reventada".
De hecho, los guardias civiles que redactaron el atestado concluyeron que el atropello no había sido accidental, sino que se había producido intencionadamente. Por las huellas de frenada del vehículo y por los restos de pintura del vehículo del acusado en el quitamiedos, los agentes constataron que el coche había dado marcha atrás de manera "muy violenta" y que, a pesar de un primer golpe contra la valla, siguió sin detenerse hasta supuestamente atropellar a su expareja, para después dirigirse hacia delante y dejar atrás el cuerpo de la mujer.
Así, pese a que el exmarido dijo que la mujer se había arrojado del vehículo en marcha, lo que se observaba en la escena "no se correspondía con lo que él manifestaba", ha señalado uno de los agentes, que comprobaron además que había restos de sangre y pelo en la parte inferior del coche, en el eje de las ruedas.
Además, en la sesión de este miércoles ha declarado un vecino de la víctima, que ha asegurado que la mujer "estaba siempre asustada" y que, en ocasiones, escuchaba cómo el marido le daba voces y discutía con ella.
También un amigo de Concepción ha afirmado que el día de su muerte, el 26 de febrero de 2009, recibió una llamada suya en la que le dijo que el exmarido, al que había ido a acompañar al hospital para que se operara de cataratas, "le había dado un día muy malo". Según este testigo, Concepción le dijo que la idea de divorciarse partió de su marido, al que tenía "miedo" y que la sometía a "maltrato psicológico", según ella misma refería.
Varios de los episodios vividos con su marido llevaron a Concepción a acudir a pedir ayuda al Ayuntamiento de Lanjarón, donde residía. Fue el 2 de enero de 2009 cuando la mujer se reunió con las concejales de Bienestar Social y de Igualdad, y con un guardia civil, al que Concepción pidió varios favores personales, como que llevara ropa de abrigo a su exmarido, "que le daba mucha pena", o la cartilla sanitaria. No obstante, y pese a que se informó del proceso a seguir para interponer una denuncia por malos tratos, nunca llegó a presentarla.
El procesado, que se enfrenta a 23 años y medio de prisión por un delito de asesinato, otro de maltrato habitual y otro de obra, padece, según el psicólogo que lo atendió durante años, un trastorno depresivo de evolución cruenta, que le provoca ansiedad, o pérdida de ilusión, pero que no implica síntomas de agresividad.
Con las declaraciones de este miércoles, ya ha concluido la fase testifical del juicio, que continuará este jueves con las pruebas periciales, y está previsto que concluya el viernes con las conclusiones e informes finales de las partes.