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Un jurado considera culpable al peón forestal acusado de prender fuego al monte en Chelva en 2012

Un jurado popular considera culpable al hombre, peón forestal, acusado de provocar el incendio de la localidad valenciana de Chelva --que también se extendió a Tuéjar y Benagéber hasta arrasar 656 hectáreas-- en junio de 2012. El acusado negó durante el juicio su participación en los hechos y afirmó que vio directamente el humo, pero sin llamas.
El jurado estima que el hombre cometió un delito de incendio, con la circunstancia atenuante de embriaguez. El ministerio fiscal, a la vista del veredicto --facilitado por el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana (TSJCV)--, ha decidido rebajar la petición de condena para el acusado hasta los tres años y 11 meses de cárcel, frente a los 17 que le requería inicialmente.
Los hechos se remontan al 1 de junio de 2012, una semana después de que el Ayuntamiento de Chelva comunicara las personas admitidas para las tres plazas de peón forestal que había sacado, y entre las que no se encontraba el acusado --de 56 años--, pese a que si que había optado a ellas.
En el momento del incendio --que arrasó 656,54 hectáreas--, el acusado narró que se dirigió a una partida local a por una lata de gasolina para desbrozar un trozo de acequia, luego hizo una parada a lo alto del pueblo de Chelva, y seguidamente bajó y se fue a un chiringuito a tomarse un par de cervezas.
Cuando llegó a lo alto del pueblo, a 'Corral Alto', estacionó su coche para "liar un cigarro", y al girarse fue cuando vio el humo, pero ninguna llama. En este punto, el fiscal mantiene que el acusado escogió el punto exacto para provocar el incendio, como venganza al Ayuntamiento, "a sabiendas que tanto por las condiciones meteorológicas como por las características del lugar el fuego se propagaría de forma muy rápida", y luego se dirigió a 'Corral Alto', donde tenía una "magnífica panorámica", para contemplar la evolución del incendio "sin avisar a nadie de la propagación".
Seguidamente --según el mismo relato del fiscal--, el hombre acudió a un chiringuito de Chelva donde se tomó dos cervezas y se "despreocupó" de las consecuencias de su conducta. Al respecto, el acusado reconoció que luego se fue al chiringuito, pero negó que provocase o viese cualquier incendio.
Previamente a este suceso, el acusado negó --pese a lo que sí mantuvieron otros testigos-- que fuera diciendo por el pueblo que iba a arder Troya, que iba a ser gorda o que pretendía dejar el monte raso. Lo que sí recordaba que dijo en alguna ocasión es que había pagado por una cosa que no había hecho --ya que fue condenado previamente a cuatro años y dos meses de prisión por un delito de incendio-- y comentó que si volvía a entrar a la cárcel, "sería por algo que hiciera y sería por un asesinato".
El acusado también negó que ante los policías reconociera que fuera él quién quemara los terrenos, pese a que firmó la declaración en la que señalaba que había cogido un papel y había prendido fuego al monte por estar cabreado con el Ayuntamiento.
600 CAMPOS DE FÚTBOL
Como consecuencia del incendio, se quemó una zona similar a más de 600 campos de fútbol; un avión capotó en el pantano durante la operación de carga de agua y el piloto se salvó de milagro; y un rebrote súbito de las llamas puso en peligro a bomberos y miembros de la Unidad Militar de Emergencias.
Sólo el gran despliegue de medios y que el fuego se encontrase en su avance con el pantano de Benagéber evitó que avanzara hasta la provincia de Cuenca. El incendio, por su extensión, intensidad y por el valor ecológico del medio afectado, supone un grave perjuicio sobre el equilibrio de los sistemas naturales cuya regeneración, en aquellos aspectos que no resultan irreversibles, presumiblemente requerirán más de 30 años en la mayor parte de las zonas inspeccionadas, según mantiene el fiscal.