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Los "donde dije digo..." del Gobierno

Y para muestra, estos botones.
Uno de las más recientes tiene que ver con la crisis económica. Ante la falta de respuesta de los bancos después de que el Gobierno les ofreciese dinero público, Miguel Sebastián sacó los pies del tiesto y amenazó: "al Gobierno se le está acabando la paciencia con los bancos" dijo. El vicesecretario general del PSOE, José Blanco, salió rápidamente a corregir al ministro de Industria asegurando que el Gobierno tiene una "paciencia ilimitada".  Lo peor fue, en mi opinión, que quedó bien claro quién lleva las riendas del asunto y no parece que sea precisamente el Ejecutivo. 
También metió la pata el ministro de Trabajo e Inmigración, , cuando manifestó publicamente su intención de limitar los contratos de extranjeros en origen para que se "aproximen al punto cero" en 2009. Aquí le tocó salir al quite a la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega: dejó claro que "habrá las contrataciones en origen que se necesiten" y que la "aproximación cero" de Corbacho no supone ningún cambio en la política de extranjería del Ejecutivo. Celestino Corbacho
También fue De la Vega la que tuvo que hacer de maestra gruñona y rectificar a Bibiana Aído,  titular de Igualdad, después de que ésta se metiese en un berenjenal al referirse al velo de las mujeres musulmanas:  "No todas las prácticas culturales tienen que ser protegidas y respetadas", dijo Aído. De la Vega en cambio dejó claro que la "posición inicial" del Gobierno es "el respeto a las tradiciones culturales" siempre y cuando éstas respeten a su vez la legislación.
El enfrentamiento con su propio partido, le resultó insostenible a y, por eso, el presidente del Congreso rectificó y anuló el homenaje a sor Maravillas Pidal y Chico de Guzmán, consistente en colocar una placa con su nombre en un lugar del Congreso que fue vivienda de la santa. Cuando se tomó la decisión, el pasado 4 de noviembre, la vicepresidenta primera del Congreso, la socialista Teresa Cunillera, se ausentó para no enfrentarse con el presidente, no sin advertirle en privado que el asunto iba a ser conflictivo y que el Grupo Socialista no iba a aceptarlo. En el asunto hubo también micrófonos traicioneros. José Bono
Aunque quizá la rectificación más reclamada y celebrada por la oposición fue la que llevó a después de pasar meses poniéndose las orejeras y acusando de catastrofismo a quienes avisaban de la caída del crecimiento. Zapatero a aceptar que estábamos en crisis
En fin, que los ministros hacen buena la sabiduría popular de los refranes, o al menos de ese que dice que "el que tiene boca se equivoca".