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Del papel a la pantalla

En esta semana de Premio Cervantes, del día del libro y San Jordi, nos acercamos a varias librerías a dejarnos seducir por historias. Las que encierran los libros y las que nos cuentan sus libreros. Uno joven y otros más veteranos. De una librería moderna a las de viejo de la Cuesta Moyano de Madrid. Todos viven entre historias, ejemplares que entran cada día y clientes asiduos que acuden en busca del asesoramiento y la ayuda de sus consejos profesionales. Alguno nos cuenta que, como los libros ocupan mucho espacio, tienen clientes a quienes sus mujeres no les dejan llevar más a casa. Así que ellos mismos se convierten en cómplices. Les ayudan a escondérselos dentro de la ropa para que puedan entrar en el piso con el cargamento, sin ser descubiertos.
Todos los lectores parecen preferir el tacto del libro que la frialdad de la pantalla electrónica. Pero están abiertos a probarlos. Para 2018 dicen que ya todos nos habremos acostumbrado a leer en el libro electrónico. Cuestión de tiempo, y también de ecología ya que los libros del futuro no gastan papel, ni provocan por tanto la tala de árboles y bosques...Cuestión también de espacio. Los electrónicos no ocupan nada. Los otros llenan casas y casas. A los nostálgicos siempre les quedará coleccionarlos...