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De ruta por las plazas de Gracia

No hay que dejar de ir a Gracia estos días. Sus calles se engalanan para la Fiesta Mayor, una de las más populares y multitudinarias de la ciudad condal, pero este barrio tiene encanto cualquier día del año.
Aunque se anexionó a Barcelona ya hace más de un siglo, sigue teniendo su propia personalidad con calles estrechas y plazas de novela.
Empezamos el paseo por la de la Vila de Gracia. Un enorme campanario preside la plaza y en lo alto podemos ver la campana, bautizada por los vecinos como la Marieta.
A pocos metros nos encontramos con la plaza del Sol. Repleta de bares de esquina a esquina, es un punto de encuentro para los jóvenes. Pero también es símbolo de la libertad de Gracia y por eso cuando se instauró la Primera República se plantó un cedro que ahora ya no existe. Tampoco existe el refugio anti-aereo que se construyó durante la guerra civil.
Llegamos a una leyenda de novela. La plaça del Diamant es conocida por haber dado nombre a una de las más célebres historias de Mercè Rodoreda. En su honor, hay una escultura de la Colometa, la protagonista.
Aunque el origen del nombre de la plaza es otro. A mediados del siglo XIX los terrenos fueron vendidos a un joyero y por eso todas las calles construidas por él llevan nombres relacionados con la joyería.
Y aquí nos encontramos con la calle Verdi. Un hervidero de gente que duda entre tanta oferta culinaria. Encontramos desde el shawarma libanés a la Casa Portuguesa, una embajada de la cocina de nuestro país vecino. Hay que probar los pasteis de Belém, los dulces más populares de Lisboa, hechos con hojaldre y crema. Los podemos regar con una copa de vinho verde.
Con el estómago lleno seguimos caminando hasta la plaza de la Virreina y la de Rovira i Trias. Muy cerca de allí nació el escritor Juan Marsé. El último Premio Cervantes ha utilizado su barrio como escenario en más de una de sus novelas, como en Últimas tardes con Teresa.
Y acabamos el paseo por las plazas que vieron nacer la rumba catalana. Antonio González 'El Pescaílla', el que fue marido de Lola Flores, nació en el número 8 de la plaza del Raspall.
Otro rumbero, Gato Pérez, tiene una placa en la plaza del Poble Romaní con el fragmento de una de sus letras "Gitanos y morenos son los ases del compás..ahora vengo yo con sabor, aunque no sea moreno".