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Baja a la calle a rastras porque no puede permitirse un ascensor

Ochenta y cuatro escalones le separan de la calle, lugar al que sólo se permite salir una vez al mes en invierno. Para él, el quinto piso en el que vive supone más de media hora hasta el portal; es el tiempo que tarda en bajar a rastras, una a una, todas las escaleras. Para volver a casa incluso necesita la ayuda de dos o tres personas y más de una hora por delante.

Desde hace seis años Timoteo sufre una distrofia muscular y no puede andar. Vive en un quinto piso sin ascensor, y los vecinos, aunque cuando lo ven esforzarse por llegar a la calle "hasta se les cae la lágrima", no pueden costear la instalación de un ascensor. Él, con la pensión de 500 euros que cobra y el pequeño sueldo de su mujer, no puede permitirse mudarse a otro edificio con ascensor.

Mientras espera ayuda, no le queda más remedio que descansar diez minutos en cada planta para tomar aire y volver a empezar. IM