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Cáritas urge a reemplazar el actual sistema de ayuda "de arriba abajo" por otro que fortalezca la acción local

El presidente de Cáritas Internationalis y arzobispo de Manila, el cardenal Luis Antonio Tagle, ha urgido a reemplazar el actual sistema de ayuda a las personas que viven situaciones de emergencia, que funciona "de arriba abajo", por otro que invierta más en la acción local, fortaleciendo la capacidad de las bases y mejorando la cooperación y la coordinación.
Así lo ha indicado este lunes durante su intervención en una sesión especial sobre la participación religiosa celebrada en el marco de la Cumbre Humanitaria Internacional que tiene lugar hasta este martes en Estambul.
"La creciente desigualdad, el cambio climático, la escasez de agua, la urbanización, los conflictos por recursos y la expansión del extremismo pondrán en peligro a millones de personas en los próximos años. Necesitamos un sistema humanitario que pueda hacer frente a estos retos cada vez mayores", ha señalado Tagle.
Según ha precisado, a pesar de que las organizaciones locales, incluyendo organizaciones de inspiración religiosa, ofrecen redes de infraestructura que proporcionan albergue, cuidado y educación, "los donantes del sistema humanitario actual apenas las conocen". "Los recursos no dan más de sí y si los donantes quieren llegar a más personas con una ayuda de mejor calidad, deben utilizar las herramientas existentes que se encuentran a su disposición", ha añadido.
Por ello, considera que la Cumbre Humanitaria Mundial es una oportunidad para transformar el sistema actual, "dándoles a las organizaciones locales el lugar que les corresponde en la mesa".
Cáritas Internationalis participa de forma activa en las sesiones de Estambul, una cita a la que acude con una "ambiciosa" agenda de propuestas orientada a reforzar y mejorar los desafíos a los que se enfrentan los agentes humanitarios.
LIDERAZGO PARA PREVENIR CONFLICTOS
Concretamente, Cáritas identifica cinco responsabilidades fundamentales: ejercer un liderazgo global para prevenir los conflictos y ponerles fin; respetar las normas que protegen a la humanidad; no dejar a nadie atrás; cambiar las vidas de las personas desde la distribución de ayuda hasta acabar con las necesidades; e invertir en humanidad.
En cuanto al liderazgo, Cáritas se compromete a reforzar la implicación de los líderes católicos y religiosos en la mediación y en las actividades de paz y reconciliación; a trabajar para erradicar todas las formas de fundamentalismo religioso; a realizar incidencia política con el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y con los Estados miembros para la prevención y la resolución de los conflictos; y a conducir a cambios en las leyes y políticas humanitarias para asegurar una mayor protección de los más vulnerables.
Sobre respeto de las normas, la labor social de la Iglesia católica apuesta por promover la aplicación de los principios humanitarios en toda su red, en consonancia con la Doctrina Social Católica, y por crear una Confederación de Cáritas más sólida mediante la adhesión de sus miembros a las normas internacionales en las respuestas humanitarias.
Por otra parte, de acuerdo con la opción preferencial por los pobres, Cáritas quiere seguir situando en el centro se su acción humanitaria a las personas. Concretamente, pone el acento en los refugiados y migrantes y afirma que trabajará para que los gobiernos ejerzan su responsabilidad de acogerles y garantizarles "una permanencia segura", con un "adecuado acceso a una ayuda y a unos servicios seguros y dignos".
Asimismo, Cáritas asegura que fortalecerá su red de organizaciones mediante el fomento de la capacidad de cada organización para identificar las necesidades y responder a ellas de forma efectiva; reducirá el impacto de las crisis humanitarias promoviendo programas para mejorar la respuesta ante desastres; y abogará por que se garantice una efectiva protección legal de los trabajadores humanitarios.
También se compromete a fortalecer el liderazgo local, fomentando iniciativas para mejorar la colaboración y la coordinación, facilitando el aumento del acceso directo a los recursos para que los miembros nacionales y locales puedan apoyar las acciones a nivel comunitario, simplificando las herramientas y los procedimientos de emisión de informes, con más transparencia sobre el coste completo de la acción humanitaria y facilitando el uso de dinero en efectivo en la respuesta humanitaria siempre que sea factible.