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Más de un centenar de mujeres del Cauca (Colombia) se organizan en una cooperativa cafetalera que suministra a España

Un total de 190 pequeñas caficulturas del valle colombiano del Cauca han conformado una cooperativa integrada, presidida y comandada exclusivamente por mujeres que proporciona la materia prima entre otros a Supracafé, proveedor a su vez en distintos establecimientos en España donde los ciudadanos, con su consumo, están contribuyendo sin saberlo al desarrollo de una de las regiones de Colombia profundamente castigadas por la guerra y la pobreza.
Lo cuentan con entusiasmo Elisabeth Trujillo y Fabiola Tombe, fundadoras del grupo y actuales presidenta y responsable legal; mientras toman en la Pastelería Mallorca de Madrid una taza del Arábiga 100% que ellas mismas han visto crecer. "La gente se toma su taza de café y no se pregunta de donde viene, pero ese café que toman ustedes lo es todo, es muy importante, muy valioso para nosotras", afirman.
Tomaron la iniciativa hace 17 años, cuando una cooperativa abrió una convocatoria para caficultoras en esta tierra llena de mujeres solas por culpa de la guerra. Más de 800 se apuntaron, pero al cabo de unos años quedaban 190 que venciendo todo tipo de dificultades, se organizaron por su cuenta emancipándose de la cooperativa masculina y también de los hombres que decidían por ellas todos los aspectos de su vida. Hoy producen 280.000 kilos de café gourmet al año.
"ÉRAMOS LAS CENICIENTAS"
"Antes se cultivaba el café y los hombres distribuían la plata. Nosotras éramos las 'cenicientas', no teníamos un cargo decisorio. Empezamos a conocernos, a ver quiénes seríamos las socias, a meter gente, y conseguimos que por primera vez en 50 años, hubiese dos mujeres en la dirección de una cooperativa cafetalera", destaca Trujillo.
Explica que eso les ha permitido "tomar decisiones por el bien del grupo, mirando por las mujeres", aunque para llegar hasta aquí han tenido que vencer la resistencia de los varones, maridos y socios cafetaleros que "estaban aterrados" y "decían que las mujeres no debían estar ahí".
Incluso las asambleas de cooperativistas, a las que está vetado el acceso a los maridos y donde se habla del negocio, pero también "de todas esas cosas que ellas no pueden hablar en su casa"; despertaban recelos. "Había esposos que esperaban a la puerta y nos preguntaban de qué iba. Pensaban que estábamos confabulando otras historias", recuerda.
Ahora, a esas 190 mujeres las dejan tranquilas, pero no es el único cambio. Si en el origen, menos del 30% de las caficultoras eran dueñas de las tierras que cultivaban y cuyos beneficios administraba el marido en exclusiva, hoy se acercan al 100% porque la cooperativa ya exige que al menos algo del terreno sea de la mujer que lo trabaja. Algunas lo han comprado, otras han conseguido que el esposo les ceda una parte de su pequeña parcela. Allí la que más tiene cuenta con hectárea y media.
Tombe incide en que es una cuestión de empoderar a las mujeres, pues se atribuye la responsabilidad de abrir la cooperativa al mayor número de caficultoras posible, pero también de "controlar la trazabilidad" del producto. Cuando una es dueña de su tierra tiene el control de lo que se produce, cómo se produce, cuánto gana y cuánto debe invertir. Además, practicamente todos sus beneficios repercuten en la mejora de las condiciones de vida de su familia, sobre todo en la escolarización de los niños.
SI EL HOMBRE GASTA, LA MUJER INVIERTE
"Es habitual y es muy triste, que en una familia muy humilde el señor venda el café y se vaya después a echar un trago con sus amigos, aunque a sus hijos les falten pantalones. Cuando trabajas con mujeres, todo repercute en el bienestar de las familias y en el desarrollo del negocio, en toda la comunidad. Lo cambia todo", afirma Ricardo Oteros, director general de Supracafé.
Destaca que "si se considera que el 69% de la población del Cauca está en la pobreza y el 30% en la miseria, lo que hacen estas mujeres es infinitamente más grande". Recuerda que en esta zona del mundo coger las armas o dedicarse al cultivo o tráfico de drogas es muchísimo más rentable. Ellas, con su trabajo, "combaten eso", crean alternativas a caminos que en muchos casos llevan a la muerte.
Las mujeres que integran la cooperativa son conscientes. Algo más del 20 por ciento se han visto afectadas por la violencia, ya sea en forma de familiares o líderes asesinados, ya sea por haberse visto obligadas a huir. La propia Trujillo perdió a su padre y tuvo que abandonar con el resto de la familia las tierras, a las que regresó al cabo de unos años "con la cara alta" porque dice, "uno no puede estarse lamentando" y tiene que tomar las riendas de su vida.
Supracafé insiste en que no llegó hasta estas mujeres por filantropía, sino por visión de negocio porque el Cauca es al café lo que la Ribera del Duero al vino y ellas están sobre las mejores tierras. Oteros afirma que la empresa, que cuenta con una hacienda donde produce su propio café justo al lado de las cooperativistas, las ha venido apoyando pero no tutelando: "Nosotros no hemos querido ir a decirles cómo hacer las cosas teóricamente, nosotros les hemos abierto las puertas y les hemos enseñado cómo lo hacemos, para que ellas aprendan y decidan qué funciona y qué no", afirma.
APOYO AL PRODUCTOR, NO TUTELAJE
Cuando empezaron a trabajar con ellas, hace 15 años, acababan de formarse como cooperativa y Supracafé ya estaba apoyando la producción de un grupo de cafetaleras en un municipio del Cauca. Estas 190 mujeres proceden de nueve pueblos distintos, por lo que su efecto multiplicador era más ambicioso. En los primeros años se invertían entre 3.000 y 4.000 euros en la cooperativa, se proporcionaba capacitación y acompañamiento técnico a las caficultoras y sobre todo, se les compraba el producto, dándoles así autonomía.
Ellas, que se refieren a la empresa española como "un ángel de la guarda", buscaron otros apoyos por su cuenta. Desde alumnos de último curso de la Universidad que hacían de asesores tanto en temas de agricultura como en contabilidad y legislación, hasta psicólogos con quienes organizaron charlas para maridos e hijos a fin de que entendieran que las mujeres "necesitan su propio espacio en la toma de decisiones".
El resultado, 50 mujeres preparándose para poder sumarse a la cooperativa, que desde 2006 cuenta con financiación de CafeMundi, la organización que integran 13 compañías de café españolas; tiene el apoyo de EXPOCAFÉ y la Cooperativa de Caficultores del Cauca y un sello Fairtrade que les garantiza una remuneración justa, 20 centavos de dólar extra por kilo que dicen, marca la diferencia porque "permite atender a las mujeres" para que salgan adelante.
Ahora, las cooperativistas se han asociado con Supracafé en Tecnicafé, un proyecto en colaboración con la Gobernación del Cauca que se ha puesto en marcha en "fincas experimentales para producir cafés especiales de alta calidad" e investigar nuevas variedades y mejoras. "Nuestros socios miembros del parque tecnológico son ellas, es muy significativo porque van a ser ellas quienes transmitan ese saber hacer a los 90.000 productores censados del Cauca", añade Oteros.