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Condenan al SERMAS a indemnizar a la familia de una fallecida a la que no se le realizó un TAC a tiempo

El Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM) ha condenado al Servicio Madrileño de Salud (SERMAS) a indemnizar con 30.000 euros al viudo y a los hijos de una paciente fallecida a la que no se le realizó un TAC a tiempo pese a acudir en varias ocasiones con dolores a las Urgencias del Hospital Infanta Sofía.
En la sentencia, tramitada por la Asociación del Defensor del Paciente y a la que ha tenido acceso Europa Press, la sección décima de la Sala de lo Contencioso Administrativa resuelve esta indemnización tras examinar el contenido de distintos informes médicos, y de los que deduce que queda "acreditado que se produjo en el caso un retraso de diagnóstico de carcinoma de pulmón".
No obstante, y haciendo referencia a los mismos informes, considera que "queda para la hipótesis si el adelanto de diagnóstico pudo modificar el destino final de la paciente" puesto que "las molestias óseas que padecía finalmente resultaron ser metastásicas y el carcinoma se encontraba en estadio IV en el momento del diagnóstico".
Por eso, el juez, a la hora de la indemnización habla de "pérdida de oportunidad", concretada en que "basta con que cierta probabilidad de que la actuación médica pudiera evitar el daño, aunque no quepa afirmarlo con certeza para que se proceda a reconocer una indemnización" que tiene en cuenta la pérdida de posibilidades de curación que el paciente sufrió como consecuencia de ese diagnóstico tardío.
En este punto, entiende que aunque a "incertidumbre de los resultados es consustancial a la práctica de la medicina, los ciudadanos deben contar frente a sus servicios públicos de la salud con la garantía de que, al menos, van a ser tratados con diligencia aplicando los medios y los instrumentos que la ciencia médica posee a disposición de las administraciones sanitarias".
Por lo tanto, se indemniza el "daño moral" destacando que "no es posible asegurar cómo habría sido la evolución" de la paciente y que "no se pueden hacer conjeturas acerca de las posibilidades de recuperación" de la misma en el caso de haberse realizado un diagnóstico y tratamiento precoz.
EVOLUCIÓN DE LA PACIENTE
Según ha explicado la Asociación del Defensor del Paciente, la fallecida era una paciente de 67 años que acudió el 19 de noviembre de 2008 a su médico de familia por presentar un fuerte dolor abdominal. Se le diagnóstico una "infección de tracto urinario" y se le realizó una ecografía.
El 2 de enero de 2009, como la sintomatología se había agravado, acudió por el servicio de urgencias del Hospital Infanta Sofía donde, sin realizarle prueba diagnóstica alguna fue diagnosticada de "dorsalgia mecánica". Un mes después, el médico del centro de salud, ante el empeoramiento de la paciente, derivó a la misma a urgencias del centro hospitalario donde tras la realización de una radiografía fue diagnosticada de "dolor de características musculares".
A partir del 12 de marzo de 2009, fue atendida en el centro hospitalario donde comunicaron a su doctor su preocupación, ya que la paciente llevaba tres meses sin un diagnóstico claro teniendo unos antecedentes familiares de carcinoma de colon, cáncer de próstata, cáncer de útero, leucemia y cáncer de lengua, todos ellos de familiares directos de la misma.
Por ello, le solicitaron, "de manera insistente", la realización de una TAC, que no se realizó hasta nueve meses después, después de un "peregrinaje" de especialista en especialista y de diagnóstico en diagnóstico (gastritis, herpes zoster, lupus eritomatoso, acuñamiento de D12).
Dicha prueba diagnóstica arrojó como resultado que la paciente padecía un carcinoma de célula grande de origen pulmonar en estadío IV, falleciendo finalmente en fecha 30 de diciembre de 2010.