Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

El Imida impulsa el desarrollo de biomateriales de seda para aplicaciones biomédicas

El Instituto Murciano de Investigación y Desarrollo Agrario y Alimentario (IMIDA), dependiente de la Consejería de Agricultura y Agua, lidera actualmente en España la tecnología de los biomateriales de seda para aplicaciones biomédicas, con una línea de proyectos de investigación que abarcan el desarrollo de estructuras para el crecimiento de tejido óseo, cutáneo y ocular a partir de su siembra con células madre.
El director del Imida, Adrián Martínez, ha explicado que en la actualidad el Instituto "ha desarrollado tecnologías de biomateriales de seda que sólo existen en unos pocos centros en Europa, como la Universidad de Oxford, el ETH de Zurich o el Instituto de la Seda de Milán".
El Imida trabaja también en aspectos como la selección de razas especiales del gusano de seda y su cría en dieta artificial. Ello le permite ser el único centro de España capaz de producir seda de calidad biotecnológica adecuada para estas aplicaciones.
Según el investigador responsable del proyecto, José Luis Cenis, "en la actualidad hay mucho interés por el uso de la seda como biomaterial".
"Las células madre, que pueden diferenciarse en numerosos tipos de tejidos, requieren de un armazón o soporte adecuado para su crecimiento. La seda, una vez elaborada, es uno de los mejores biomateriales disponibles para esta aplicación, dado que es biocompatible, reabsorbible y muy resistente", ha comentado.
CÓRNEA ARTIFICIAL DE FIBROÍNA DE SEDA
Uno de los proyectos que lleva a cabo actualmente el Departamento de Biotecnología y Protección de Cultivos del Imida es el desarrollo de una córnea artificial de fibroína de seda, que imita la estructura biológica de la córnea real y utiliza células madre de ésta para su posterior implantación, como alternativa a las córneas de donantes. Estas córneas naturales no están disponibles en cantidad suficiente para satisfacer la creciente demanda.
La nueva estrategia se basa en crear corneas a partir de sembrar células corneales del paciente en láminas extrafinas de fibroína transparente que posteriormente se combinan para formar una estructura corneal tridimensional. Ya hay ensayos clínicos de corneas basadas en diversos tipos de polímeros.
Sin embargo, la novedad que aporta la utilización de la fibroína de la seda es que supera a otros materiales, al ser más biocompatible, tener buena resistencia mecánica, una reabsorción lenta y mucha actividad química en superficie, lo que permite estimular el crecimiento de las células que han sido sembradas.
El Imida participa como socio dentro de un consorcio constituido en torno al Instituto Oftalmológico Fernández Vega de Oviedo, una clínica de referencia en Europa que desarrolla este proyecto de corneas artificiales, con diversas aportaciones, en el marco de un proyecto de la última convocatoria del Programa Nacional de Cooperación Público-Privada, subprograma 'InnPacto', enmarcada en el Plan Nacional de Investigación Científica, Desarrollo e Innovación Tecnológica del Ministerio de Economía y Competitividad.
La explicación de que un centro de tecnología agraria y alimentaria como el Imida pueda liderar un campo como el de los biomateriales se encuentra en sus antecedentes, ya que el actual Imida es la continuación administrativa de la Estación Sericícola de Murcia, fundada en 1892 por el Ministerio de Fomento. En 1914 se inauguraron las instalaciones que actualmente ocupa el Imida, en la pedanía murciana de La Alberca, que llegaron a ser el único referente tecnológico de la seda en España.
En aquella época, el 90 por ciento de la seda de España se producía en Murcia. El cultivo de las moreras, cuyas hojas alimentaban a los gusanos, fue una actividad agrícola muy importante. La producción de seda llegó a generar una gran actividad económica.
La Estación Sericícola desplegó su actividad desde 1892 hasta 1976. Cuando el cultivo y la producción de seda dejaron de ser rentables, la investigación en dicho centro derivó hacia las modernas tecnologías de producción agraria (materiales plásticos, invernaderos, riego por goteo, producción de nuevas variedades). No obstante, "el Imida no abandonó el compromiso con la investigación sericícola, razón por la que hoy día lidera este nuevo enfoque de la producción de seda para aplicaciones biomédicas", ha indicado Martínez.