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Indemnización para las víctimas de la talidomida

Muchos años después, el Gobierno indemnizará a las víctimas de la talidomida. A finales de los años 50, este fármaco administrado a la embarazadas para evitar las nauseas, provocó que miles de bebés nacieran sin extremidades o con brazos y piernas atrofiados. El error nunca se admitió oficialmente durante el franquismo y fue obviado por los gobiernos de la democracia. Ahora, cobrarán por fin las indemnizaciones.
El Gobierno ha aprobado un Real Decreto, elaborado e impulsado por la Vicepresidencia del Gobierno, en la que se establecen indemnizaciones que oscilan entre los 30.000 y los 100.000 euros, en función de la discapacidad que padezca el afectado. Aunque no hay cifras oficiales, se calcula que en España puede haber hasta 3.000 personas afectadas por la talidomida.
Los efectos del fármaco están médicamente reconocidos: deforma las extremidades superiores o inferiores, pero también afecta a órganos internos, el corazón, la vista, el oído, etc. El medicamento afectó a 20.000 bebés en 46 países.
La talidomida se comercializó entre 1957 y 1963 como sedante para aliviar los vómitos y las náuseas en las embarazadas. Dejó de venderse pero, hasta hace unas semanas, no se descubrió por qué causaba esas malformaciones.
Un equipo de investigadores japoneses lo desvelaba en Science. La talidomida ataca a cereblon, una proteína que producen los seres humanos. Utilizando peces cebra y pollos, Takumi Ito, Hiroshi Handa y sus colegas del Tokyo Institute of Technology descubrieron que la talidomida inhibe la actividad enzimática de la proteína cereblon, que es importante para el desarrollo de las extremidades.
Sin embargo, el medicamento se utiliza hoy cada vez más, aunque bajo estrictos controles, para tratar a enfermos de lepra y de mieloma múltiple, una forma de cáncer de la médula ósea. Pero el Presidente de la asociación inglesa de afectados, Freddie Astbury, que se debate entre la vida y la muerte por las degeneraciones internas que produce la talidomida, descubrió recientemente que en Kenia y otros países siguen naciendo bebés con malformidades.