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Los Jesuitas en España se movilizan para "tapar las rendijas del sistema de asilo"

Opinan que es "muy pequeño y está muy centralizado" y es necesario "un esfuerzo intelectual" para repensarlo
Los Jesuítas en España han lanzado una campaña bajo el nombre 'hospitalidad.es' que persigue movilizar todos sus recursos, desde las ONG hasta los colegios, las universidades o las parroquias, para "tapar las rendijas del sistema de asilo" favoreciendo la acogida, recuperación y emancipación de los refugiados que ya están aquí y de los que vendrán, más allá del itinerario oficial, cuya suficiencia y calidad piden revisar a fondo.
Así lo han explicado en rueda de prensa el delegado del Sector Social de los Jesuítas en España, Alberto Ares; su coordinador del Área de Cooperación, Daniel Villanueva; el del Servicio Jesuíta a Migrantes-España (SJM), Miguel Gónzalez; la responsable de Indicencia del SJM, Cristina Manzanedo; la coordinadora de Acogida en Madrid, Mariana Morales y uno de sus voluntarios, el intérprete Isaam Ouzifi.
El área social de la Compañía de Jesús en España, que tradicionalmente se ha dedicado a la atención y acogida de inmigrantes, se vuelca ahora en la respuesta a los refugiados desde cuatro ámbitos que persiguen involucrar a toda su comunidad: acogida "tejiendo redes", cooperación internacional en países de origen, como Sur Sudán, y tránsito, como Hungría; sensibilización y educación por la empatía y contra el prejuicio e incidencia política para buscar justicia.
"Nos planteamos llegar a donde el sistema no llega. Es muy pequeño. Hay personas que no acceden a él y personas que se caen de él. Hay que entender que la acogida no es sólo alojamiento sino acompañamiento humano. Se trata de abrir casas, escuelas, espacios de relación y lo hacemos con una red y una base potente de voluntariado", ha señalado González.
Según ha dicho, la intención "no es sustituir al sistema" sino ponerse a su disposición ante la evidencia de que se enfrenta a "una gran necesidad". Afirma que los Jesuítas están dando "un paso para complementar ahí donde falla el sistema en el antes", como cuando el solicitante de asilo espera meses cita para formalizar su petición o se queda varado en Melilla, "y en el después", como cuando al cabo de unos meses las ayudas se terminan.
En este sentido, Manzanedo ha señalado que el sistema de asilo en España "es muy pequeño y está muy centralizado" en el Ministerio de Empleo y las tres ONG con las que concierta plazas para la primera acogida. A su juicio, la llegada de cerca de 13.000 refugiados a España sólo en 2015 más los en torno a 19.000 que habrán de trasladarse en virtud de los cupos de reasentamiento y reubicación de la Unión Europea, debe ser "una oportunidad" para "implicar a una sociedad civil más amplia" y a más instituciones y administraciones.
"VERGÜENZA QUE QUIERAN MARCHARSE"
"Nos da vergüenza que los refugiados no quieran quedarse en España y su imaginario sea salir fuera. Parte se debe al imaginario europeo de que Alemania no iba a aplicar el Convenio de Dublín (devolver al refugiado al primer país por el que entró en la UE). Algunos tienen familiares fuera y otros, la creencia de que España no quiere refugiados, que no es un país de acogida. Nuestro Gobierno sabe de sobra que ese imaginario existe y no está haciendo nada para cambiarlo", ha denunciado Manzanedo.
La jurista considera que "el sistema de asilo es más débil cuando más se le necesita" y no "sólo" es cuestión de primera acogida, sino "de lo más difícil, la integración" porque "no sólo preocupan las plazas sino la calidad". Ha puesto como ejemplo la "aleatoriedad e imprevisibilidad de las ayudas" y las condiciones del Centro de Estancia Temporal de Inmigrantes de Melilla, puerta de entrada de la mayoría de los refugiados en España y que "distan mucho de cumplir la normativa internacional" al respecto.
"No sólo se requieren manos, sino también capacidad intelectual para repensar el sistema de asilo. Melilla es el primer problema", ha añadido, tras explicar que el CETI fue diseñado para recibir inmigrantes y ahora lo que tiene son refugiados, cerca de 900 personas en la actualidad, que esperan meses para conseguir un traslado a la Península o que se niegan a solicitar asilo en "la creencia errónea" de que así, podrán establecerse en otro país de Europa. "Estas son las personas que más están sufriendo", ha comentado.
"LA OBLIGACIÓN DE UNA RESPUESTA INTERNACIONAL"
Estas cuestiones centrarán la actividad de la campaña en el área de incidencia en España, donde una parte del trabajo "será animar al Gobierno a que cumpla sus compromisos adquiridos", en palabras de González. Lo complementarán con un despliegue en materia educativa y de sensibilización tanto en los colegios como en las universidades de la Compañía de Jesús, como ha explicado Ares, para incidir en que ante lo que el Papa denomina "la globalización de la indiferencia", los Jesuítas responden "con la hispitalidad".
Mientras, se trabajará en red con las delegaciones del Servicio Jesuíta a Migrantes en 13 países de la Unión Europea tanto para analizar y comparar buenas prácticas y políticas de acogida y emitir propuestas, informes y diagnósticos, como para seguir desplegando ayuda humanitaria de emergencia a los refugiados en tránsito o destino, principalmente en Hungría, Alemania, Suecia, Grecia e Italia.
"Tenemos la obligación de que la respuesta pase por ayudar más allá de nuestras fronteras", ha apuntado Villanueva, quien ha concretado que se seguirán apoyando además otras intervenciones en origen, como proyectos de educación en campos de refugiados de Líbano, de Congo y de Sudan del Sur, así como asistencia a migrantes varados en Nador (Marruecos) camino de las fronteras terrestres españolas. "No podemos olvidarnos de las personas que no han conseguido huír de los conflictos", ha sentenciado.
Esas personas son como las familias cuyos casos ha puesto como ejemplo Mariana Morales e Isaam Ouzifi. La primera, pasó un calvario hasta por fin entrar en el sistema de asilo por falta de asesoramiento adecuado y de información sobre sus derechos. La segunda, vivió la separación forzosa de su hija pequeña, que acabó en un centro de menores en tanto la administración dirimía si realmente lo era. "Tenemos que ponernos en los ojos os de quienes viven y mueren en las fronteras", dice la campaña.