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Jesuitas alertan de que las fronteras son "corredores de muerte" para los migrantes

Los jesuitas alertan de que las fronteras se están consolidando como "corredores de muerte", en un documento titulado 'Retos globales por la justicia de la Compañía de Jesús' en el que se recoge el posicionamiento de las redes globales de 'advocacy' ignaciano sobre cinco temas --Ecología, Derecho a la Educación, Gobernanza de recursos naturales y minerales, Migraciones y Paz y derechos humanos--.
En el apartado de Migraciones, los jesuitas indican que los Estados ejercen un control fronterizo sobre los flujos migratorios con el fin de limitarlos y ordenarlos que está llevando a "obstaculizar cada vez más el paso de las fronteras" y que provoca que las personas "arriesguen su vida al intentar evitar las fronteras más vigiladas y frecuentemente militarizadas".
Además, denuncian que, cuando estas personas resultan atrapadas en situación irregular por las autoridades fronterizas son "retenidas y privadas de libertad" en centros de detención sin haber cometido ningún delito y "sufren deportaciones, vejaciones, indefensión jurídica y desorientación".
Los jesuitas recuerdan que, según la doctrina social de la Iglesia, "todo emigrante es una persona humana que, en cuanto tal, posee derechos fundamentales inalienables que han de ser respetados por todos y en cualquier situación" y que "en ningún caso puede ser explotada".
Asimismo, subrayan que la migración lleva consigo beneficios pues los inmigrantes aumentan el crecimiento económico de la sociedad en la que se integran; generan ingresos fiscales procedentes del pago de impuestos; y ejercen un impacto positivo en sus países de origen. En definitiva, para la Compañía, "el migrante es un regalo".
En todo caso, apuntan que la inmigración también plantea desafíos como la reacción que genera en la sociedad la llegada de migrantes. Según advierten, en muchos países de recepción existe la idea de que quienes llegan tienen que asimilarse a la cultura de su nueva nación hasta perder su identidad cultural, una demanda que consideran "inmoral".
También apuntan que su llegada despierta "con frecuencia" sentimientos "xenófobos" alentados por "políticos que tienden a demonizar al migrante". "Un extendido populismo político recurre al discurso contra los migrantes para ganarse el apoyo de un electorado siempre preocupado por preservar sus beneficios", apuntan.
UNA RED PARA DAR UNIDAD A LA RESPUESTA DE LA COMPAÑÍA
Por ello, la Compañía de Jesús ha creado una red de migraciones basada en la hospitalidad y la inclusión que quiere denunciar "la criminalización de la migración irregular; la negación por parte de muchos Estados a otorgar la debida protección internacional a solicitantes de asilo y refugio; las políticas migratorias que se centran en detención, deportación y control fronterizo; las redes de trata muchas veces vinculadas a la corrupción e impunidad estatal y la explotación laboral de migrantes".
Esta red, con la que la Compañía quiere dar unidad a la respuesta que ofrece a las necesidades de los migrantes, demanda la ratificación universal de la Convención internacional sobre la protección de los derechos de todos los trabajadores migratorios y de sus familiares de 1990; la protección internacional efectiva de solicitantes de asilo; políticas migratorias integrales; y el derecho de los pueblos indígenas sobre sus tierras y recursos".
200 MILLONES DE PERSONAS, FUERA DE SU PAÍS DE ORIGEN
Mil millones de personas han abandonado su tierra de nacimiento y viven en otro lugar, sea dentro o fuera de las fronteras nacionales. Se estima que en la actualidad existen más de 200 millones de personas que no viven en su país de origen y que esta cifra aumentará en las próximas cuatro décadas hasta más de 400 millones.
Según indica el documento, hay unos 150 millones de migrantes entre aquellos en situación regularizada y aquellos en situación no regularizada, unos 20 millones de migrantes forzados --sin nacionalidad o estatus legal, sin protección, explotados por mafias--, unos 30 millones de desplazados internos --por proyectos de desarrollo, desastres naturales o conflictos armados-- y más de 10 millones de refugiados y solicitantes de asilo --debido a conflicto o persecución--.