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Obispos de EE.UU. viajan a Arizona para celebrar una misa en memoria de los 6.000 inmigrantes muertos en el desierto

"La frontera de EE.UU.-México es nuestra Lampedusa"
Los obispos de EE.UU. han viajado hasta Nogales (Arizona) para celebrar este martes una misa en memoria de los 6.000 inmigrantes que han muerto en el desierto desde 1998.
Los prelados americanos, encabezados por el arzobispo de Boston, el cardenal Sean O'Malley, han recorrido desde el pasado domingo la línea fronteriza que divide Arizona y México, con el propósito de "subrayar el sufrimiento humano causado por un sistema migratorio disfuncional" y hacer "un llamamiento al Congreso de EE.UU. para que corrija el sistema".
Según recuerdan los obispos estadounidenses, en la frontera de Arizona no solo muere gente sino que también sufren un sistema de deportación y de detención. "La reforma migratoria es sobre seres humanos, nuestros hermanos y hermanas. Como cuestión moral que es, no podemos esperar más", remarcan.
Esta visita está inspirada en la que realizó el Papa Francisco a la isla de Lampedusa (Italia), después de que cientos de inmigrantes africanos murieran frente a sus costas mientras intentaban llegar a Europa.
"La frontera Estados Unidos-México es nuestra Lampedusa, los inmigrantes en este hemisferio tratan de cruzarla, pero a menudo mueren en el intento", señaló el obispo de Seattle y presidente del Comité sobre Migración de la Conferencia de Estados Unidos, Eusebio Elizondo, al dar a conocer esta iniciativa.
Elizondo advirtió de que mostrarse "indiferente" o minimizar e ignorar este sufrimiento y estas muertes, es un comportamiento que les hace "avergonzar como nación".
PIDEN UNA REFORMA MIGRATORIA
Los obispos de EE.UU. piden una reforma migratoria. Así, proponen que se permita a los inmigrantes en situación irregular obtener su ciudadanía con el tiempo pagando una multa, aprendiendo inglés, trabajando o volviendo al final de la cola para obtener la 'green card'.
También sugieren un programa que provea de visas a trabajadores no cualificados para entrar en el país y trabajo en industrias importantes de forma temporal. Este programa incluiría un salario adecuado y la protección del trabajador y permitiría mantener a las familias unidas.
En este sentido, plantean una reforma del sistema de reunificación familiar para que las familias sean reunidas de una manera ágil y no se tarden "muchos años" como ahora. También consideran necesario restaurar la discreción judicial en los procedimientos de inmigración y reformar las leyes de detención forzosa.
Además, los obispos piden reforzar el sistema de protección para refugiados, solicitantes de asilo y menores no acompañados derogando la fecha límite de un año para los solicitantes de asilo, acelerando la reunificación familiar en el caso de los refugiados y nombrando abogados para menores no acompañados.
Por otro lado, reclaman que se aborden las causas profundas de la inmigración irregular, promoviendo un desarrollo económico sostenible y desarrollando programas de empleo en los países de origen.
DOS MILLONES DE PERSONAS DEPORTADAS EN CINCO AÑOS
Según apuntan citando datos del Departamento de Seguridad Nacional, en los últimos ocho años, el presupuesto para protección fronteriza y aduanas se ha incrementado un 94% hasta los 12 millones de dólares, al tiempo que el número de agentes en la frontera se ha triplicado en los últimos veinte años hasta más de 21.000.
En los últimos cinco años, cerca de dos millones de personas han sido deportadas, una media de 400.000 al año. De ellos, unos 100.000 forman parte de familias con al menos un ciudadano estadounidense, muy probablemente, un niño. Además, 5.000 niños son dados en acogida temporal como consecuencia de la deportación de los padres, según cifras de la Agencia de Inmigración y Aduanas, el Centro de Política de Inmigración y el Consejo de Inmigración Americano.