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Ribadelago recuerda la tragedia de la presa de Vega de Tera

El recuerdo emocionado de los supervivientes ha protagonizado el homenaje rendido a las víctimas de la tragedia que hace 50 años se cobró la vida de 144 de los 549 vecinos de Ribadelago (Zamora), al quedar el pueblo anegado por las aguas tras la rotura de la presa de Vega de Tera. Entre las historias de los supervivientes hay casos sobrecogedores como el del secretario de la Asociación Hijos de Ribadelago, Felipe San Román, que entonces tenía tan solo un año de edad y al que salvó la vida su padre ciego.
"Hicimos un agujero para acceder al tejado y por él salimos, pero mi madre no cabía porque era gruesa; ella falleció ahogada pero antes guió a mi padre para que gateando caminara de tejado en tejado hasta llegar a la última casa de la zona, que fue la única que quedó en pie", ha recordado San Román.
 Los supervivientes sostienen que la tragedia "era previsible" pero gracias a ella no se volvieron a cometer los mismos errores en la construcción de otras presas.
Quienes hace 50 años sobrevivieron a la catástrofe han recordado con lágrimas en los ojos cómo en cuestión de minutos el agua inundó el pueblo y se llevó la vida de 144 vecinos, entre ellos catorce familias al completo que ni siquiera pudieron recibir sepultura, ya que tan sólo se recuperaron 28 cadáveres.
El resto de víctimas mortales descansan en el fondo del lago de Sanabria, el lago de origen glaciar más grande de España que, irónicamente, según una leyenda local, se formó al inundar Dios un pueblo por su falta de hospitalidad.
Los dos únicos condenados a un año de prisión como responsables de la rotura de la presa fueron finalmente indultados mientras que los familiares de algunas víctimas tardaron hasta veinte años en cobrar las indemnizaciones que les correspondían, cifradas en 100.000 pesetas (600 euros) por cada adulto fallecido y 50.000 pesetas por cada menor de 16 años.
El desastre de Vega de Tera no sólo suponía un punto negro en la España de los pantanos de Franco sino que además el Estado había dado "todas las bendiciones" a la construcción de la presa y el propio dictador la había inaugurado en 1956.
El pueblo fue reconstruido en un emplazamiento inadecuado, en una zona sombría a orillas del lago de Sanabria con casas de estilo andaluz nada acordes con un entorno montañoso próximo a Galicia y al norte de Portugal.
Por ello, hoy en día cada vez más vecinos optar por construir sus nuevas casas en la antigua ubicación del pueblo, en el denominado Ribadelago Viejo, donde 50 años después del desastre se ha eregido un monumento en recuerdo de las víctimas.
 
JWS