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El traje que me convirtió en una anciana

La geriatra Marta Cheka y el  investigador Stefan Walter nos esperan en el Hospital madrileño de Getafe . De su maleta van sacando varios elementos, entre ellos, pesas, gafas, guantes, un collarín. Y lo colocan sobre una gran mesa hasta formar una figura humanoide. Son los elementos de un traje muy especial, un simulador que nos va a permitir entender, así lo explican, los peores efectos, limitaciones, del envejecimiento. Esta vez, es yo misma voy a vivir la experiencia.

De los pies a la cabeza me colocan unas calzas para perder la sensibilidad de tocar el suelo. Pesas y guantes en manos y pies, bandas ajustadas que dificultan el movimiento articular en rodillas y codos. Un pesado chaleco para experimentar todo el peso máximo de los años. Un collarín para experimentar rigidez de cuello. también una gafas, que replican la disminución de agudeza visual, sin más, o cuando exiten cataratas, o se es diabético crónico. Esta son las que me ponen: veo como moscas. Y así, con un peso que me carga de hombros, visión mermada, y sin apenas oir, empiezo a andar arrastrando los pies, sin darme cuenta. De repente me siento como alguien de 80 años y muchos achaques.

Desde la Fundación de Investigación biomédica del Hospital de Getafe, Stefan Walter, estudia qué genes pueden estar implicados en que tengamos una mejor o peor manera de envejecer. "No es fácil localizarlos -asegura- Pero nos ayudarían a identificar a los pacientes, y a tratarlos, en un futuro". El hospital madrileño, referencia internacional en el tratamiento geriátrico, participa en cuatro proyectos (Frailclinic, Frailomic y Med Frail, dotados con 25 millones de euros) europeos sobre la fragilidaod del anciano, el síndrome que ocasiones grandes pérdidas funcionales y que, desde este centro sanitario, estudian cómo prevenir y solucionar. "En la consulta vemos personas de 90 años, con una gran calidad de vida, y otras, de la misma edad, o menores, que son completamente dependientes", explica la doctora Checa. "Intentamos enfocar nuestro trabajo clínico a la prevención, evitar que esas limitaciones, ese deterioro, sea irreversible."

Experimento la dificultad de movimiento, de percepción del entorno que me rodea. Sigo enfundada en el simulador de edad. Subir  y bajar un bordillo, puede ser una odisea. Porque no se doblan bien las rodillas, ni se pueden subir los piés para salvar la pequeña altura, porque pesan. también experimentamos, lo que puede sentir un anciano con pérdida auditiva, con poca agudeza visual y dificultad de movimiento, cuando intenta tomar un café en un bar concurrido. manejar las monedas, beber. Ahora sí podemos hacernos a la idea, ponernos en su piel.

Y ese es una objetivo prioritario de que probemos el simulador, y del proyecto de investigación. La concienciación. "para lograr empatía con los mayores que vemos en la calle o en la consulta. Para saber cómo atenderlos y actuar", dice Marta Checa. Walter añade "Es más fácil cambiar de hábitos de vida, si sabemos lo que nos puede esperar pasados unos años". Por eso, los investigadores del hospital de Getafe, en Madrid, van a sacar el simulador de edad a la calle, para que los ciudadanos puedan sentirse ancianos e intentar mejorar su actividad física o su alimentación. También lo van a probar médicos, para que conozcan bien al paciente. Cumplir años, no es el problema, aseguran los especialistas. Somos cada vez más viejos. Pero envejecer, no es sinónimo de discapacidad. Sí, una tarea del día a día.