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El obispo de Segovia defiende el empleo digno y advierte a los empresarios que es "grave" no pagar un salario justo

El obispo de Segovia, Ángel Rubio, ha abogado en su carta pastoral por que todos los hombres tengan un puesto de trabajo dignamente retribuido y ha rechazado que el empleo constituya una "humillación", al tiempo que ha señalado que el Catecismo exige al empresariado que considere el bien de las personas y no sólo el aumento de las ganancias.
"Es una grave injusticia no pagar el justo salario", ha considerado el prelado, para quien la huelga es "inaceptable" cuando va acompañada de violencia o persigue objetivos no directamente relacionados con las condiciones de trabajo o contrarios al bien común, pero "legítima" cuando se presenta como inevitable y en busca de un beneficio proporcionado.
En su carta, titulada 'No robarás', recogida por Europa Press, Rubio ha recordado que el derecho y el deber de trabajar forman parte del séptimo mandamiento y ha incidido en que el derecho al trabajo es un bien de la Humanidad que hay que compartir.
En este sentido, ha apuntado la necesidad de que los cristianos se esfuercen para lograr que todos tengan en la sociedad un puesto digno y para que cada cual encuentre el empleo más adecuado a sus capacidades y vocación.
El obispo ha manifestado que el séptimo precepto no sólo prohíbe quitarle algo a alguien, sino que exige también la justa administración y el reparto de los bienes y regula las cuestiones de la propiedad privada y del reparto de los rendimientos del trabajo humano.
En él, ha redundado, se denuncia la distribución injusta de las materias primas y se subraya con igual fuerza el derecho a la propiedad privada y el destino universal de los bienes, con especial referencia a situaciones concretas que resulten hoy problemáticas, como la especulación abusiva, los juegos de azar o las modernas formas de esclavitud.
El prelado ha destacado el rechazo eclesial a todo sistema en el que las relaciones sociales queden enteramente determinadas por factores económicos o que sacrifican los derechos fundamentales de las personas y de los grupos en aras de la organización colectiva de la producción, así como la condena de la Iglesia a aquellas teorías que hacen del beneficio la regla exclusiva y el fin último de la actividad económica.
Al hilo de ello, ha indicado que se afirma tajantemente que la Institución eclesial descarta las ideologías totalitarias y ateas asociadas en los tiempos modernos al comunismo o socialismo pero también, en la práctica del capitalismo, el individualismo y la primacía absoluta de la ley de mercado sobre el trabajo humano.
Rubio ha manifestado que, además de la justicia, el cristiano ha de practicar la caridad. En su opinión, tener y no dar nada es en algunas ocasiones peor que robar.
"El dinero suele formar un caparazón de egoísmo que nos hace invisibles a los demás", ha lamentado el obispo, quien ha advertido de que tener mucho induce al hombre a creerse ser mucho y de que de esa autosuficiencia "nace una soberbia desdeñosa con las miserias ajenas". En el texto, no olvida que la Iglesia debe repartir y compartir para "hacer un mundo más justo".