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Las castañas se convierten en objeto de robos en Galicia

Durante siglos, las castañas paliaron el hambre en el rural gallego. Crudas, secas, asadas o en harina, las castañas eran alimento de pobres, pero hoy están valoradas casi como joyas. Parecen todas iguales, pero no lo son. Por un euro y sesenta céntimos por kilo en esta temporada, las castañas se han convertido en objetivo de los amigos de lo ajeno, pero es difícil poner puertas a un bosque que ha crecido sin cuidados. Las fragas agrestes están cediendo el terreno a las explotaciones ordenadas donde los castaños se miman y la rentabilidad está garantizada. En Galicia, principal productora nacional de este fruto, existen cerca de 70.000 hectáreas de castaños, una riqueza paiajística que se revela también como alternativa económica en el rural.