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La ecocardiografía es clave para el diagnóstico de los enfermos cardiacos y presenta una fiabilidad de casi el 90%

La ecocardiografía se ha convertido en una herramienta básica en el diagnóstico de las patologías cardiacas como la insuficiencia cardiaca, que en casi la mitad de los casos no son detectadas correctamente, ya que tienen una fiabilidad diagnóstica de casi el 90 por ciento.
Así lo ha destacado el presidente de la Sociedad Española de Imagen Cardiaca, Miguel Ángel García-Fernández, durante la 30 Reunión anual de Imagen Cardiaca que se celebra estos días en Madrid, en la que diferentes expertos han analizado el potencial que han ido ganando las pruebas de imagen cardiaca en los últimos años.
Entre los principales retos de estas técnicas está conseguir las imágenes de forma automática, ya que ahora el aparato que se utiliza depende del usuario. No obstante, ha reconocido este experto, "con los programas de inteligencia artificial, que ya se están utilizando, se tiende a que el sistema calcule los volúmenes de las cavidades y emita un diagnóstico".
Asimismo, también se busca la fusión de diferentes técnicas como la ecocardiografía y la angiografía, con el objetivo de obtener imágenes de las estructuras que permiten definirlas con gran precisión; contar con equipos más pequeños y conseguir globalizar la imagen cardiaca y que llegue a todo el mundo.
Por otro lado, en este encuentro los expertos también han destacado como el tratamiento oncológico triplica el riesgo de complicaciones cardiovasculares a medio y largo plazo, afectando al pronóstico vital de largos supervivientes y complicando el proceso del cáncer en más de un 10 por ciento.
Una situación que hace "imprescindible abordar el problema desde el inicio del diagnóstico de cáncer", según ha destacado Teresa López, de la Unidad de Cardiooncología del Servicio de Cardiología del Hospital Universitario de La Paz de Madrid.
En este campo, la ecocardiografía y los biomarcadores son imprescindibles para poder detectar de forma precoz complicaciones cardiovasculares derivadas del tratamiento oncológico en una fase que todavía sea curable, adaptando "la frecuencia de realización de estos estudios al esquema terapéutico y al riesgo cardiovascular del paciente".
Para ello, los cardiólogos y los oncólogos deben tomar conciencia de la necesidad de trabajar juntos mediante las Unidades de Cardio-Oncología, cuyo objetivo es seleccionar el régimen oncológico que consiga mayor tasa de curación o remisión con el menor número de efectos cardiovasculares adversos y sin necesidad de suspender el tratamiento oncológico.