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Una española es detenida sin motivo al llegar a EEUU y pasa 38 horas en la cárcel

Cristina, una joven cántabra de 22 años, es la última víctima de la América de Donald Trump. Iba a trabajar de au pair a una casa de Portland, pero lo que se presuponía como una apuesta para mejorar su inglés se convirtió en una pesadilla. Llevaba un visado de turista y como consecuencia quedó 5 horas retenida en aduanas, incomunicada. De allí, la dijeron: "Vamos a llevarte a una casa donde vas a poder asearte. El inconveniente es que vamos a tener que esposarte. Y claro, yo le pregunte a la chica: ‘¿Esto es la cárcel?’, y me dijo: ‘sí’. Porque, efectivamente, fue trasladada a la prisión del condado. Llevó el mono naranja 38 horas en una celda en pésimas condiciones.

“Me quitaron toda mi ropa, los pendientes, hasta las gomas del pelo… y me dieron el mono de presidiario. No podía respirar y tenía la sensación de que incluso iba a perder el conocimiento”, cuenta.

En esos momentos, ella solo quería llamar a sus padres, y cuando la dejaron, se ‘rompió’.

“Veía mis padres muy mal, sufriendo mucho, y a mí se me partía el corazón”, relata entre lágrimas.

Además, se lo hicieron pasar mal hasta el final, porque la subieron a un avión de vuelta, pero no le dieron su documentación hasta que puso un pie en nuestro país.