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La incertidumbre, denominador común de los refugiados que llegan a España

Los Jesuítas lanzan "#YoSoyTierraDeAcogida para sumar apoyos a un manifiesto que reivindica una europa de dignidad y de derechos
Las organizaciones sociales de los Jesuítas han ofrecido este miércoles una mesa redonda con cuatro personas que en diferentes contextos y situaciones se han visto obligadas a huir de su país y han acabado pidiendo protección en España, donde el denominador común es la incertidumbre al no saber qué será de ellos la próxima semana, el próximo mes o el año que viene.
Uno vive en una suerte de limbo jurídico, otro está en el ecuador del programa de acogida, otras dos se exponen a una deportación porque su petición ha sido denegada. Son casos, según la responsable del área jurídica de Pueblos Unidos, Cristina Manzanedo, que ponen "rostro a los números" para que gobiernos, instituciones y sobre todo, los ciudadanos, "cambien de mentalidad y muestren una actitud de acogida".
La situación más acuciante es la de Ana María y su hija Natalia. La primera, con estudios superiores y carrera política en el país centroamericano del que procede, ha acabado desempeñándose como interna en España. Su petición de asilo ha sido denegada porque sobre el papel, su país es democrático. A ella quienes la persiguen son las maras, bandas organizadas de pandilleros, pero no ha sido suficiente para que el Gobierno le conceda protección. Tiene orden de abandonar el país. Si es detenida, será deportada.
Quiso que una mujer concurriese a la alcaldía y la respuesta a su voluntad fue un acoso por parte del alcalde en forma de pandilleros, unas maras que no la dejaron descansar hasta que huyó con un visado de turista. Estaba ya en España cuando los mismos acosadores descubieron que Natalia, de 14 años, era hija suya. Quisieron forzarla a ser novia de uno de los miembros de la mara, así que también huyó. Hoy viven las dos en situación irregular.
SOLICITUD DENEGADA
"En febrero fuimos a la Comisaría a renovar la tarjeta de solicitantes de asilo y nos dijeron que nuestra solicitud había sido denegada. Fue un impacto muy fuerte. Empecé a ver lo que habían argumentado y me dio mucha impotencia porque no reflejaba la realidad de mi país, decía que hay leyes de protección de la mujer y la juventud y eso no es lo que en realidad se está viviendo", ha señalado.
Ha presentado un recurso ante la Audiencia Nacional, pero como advierte Manzanedo, puede demorarse más allá incluso de la deportación. "Estamos en esa tensión constante porque no sabemos lo que nos puede pasar a continuación. Mi hija está acoplándose en los estudios y todo te agobia y preocupa y no saber qué puede acabar pasando contigo", ha añadido esta mujer a quien las entidades definen como "refugiada de facto", es decir, se ha visto forzada a huir pero sus razones no son reconocidas en España.
Juan María no afronta una deportación pero sí un limbo. Es original de la antigua colonia española Guinea Ecuatorial, donde militaba en un partido contrario al régimen y fue encarcelado dos veces por ello y liberado, como él explica, "gracias a la presión internacional, entre otros de España". Huyó cuando la persecución de las fuerzas policiales se hizo insorportable y fue consciente de que acabar muerto, era cuestión de tiempo. Fue el cónsul español quien le firmó un visado sabiendo que necesitaba escapar de allí como fuera.
SIETE AÑOS ESPERANDO
Solicitó asilo hace siete años y medio y su petición fue admitida a trámite, sin embargo, todavía no se ha resuelto, es decir: está en una especie de limbo porque su documentación dice que su situación es temporal, así que difícilmente puede encontrar un trabajo. Lo peor, tal y como señala, es que no sabe si al final, le dirán que sí o que no. Quizá haya pasado ocho años como solicitante de asilo en España para que le denieguen la petición y le obliguen a abandonar el país.
Pregunta por su caso con frecuencia y siempre recibe silencio. Presentó hace cuatro años un recurso para saber cómo iba el tema y no ha obtenido respuesta. Se ha mudado a Madrid desde Zaragoza, donde vivía de la solidaridad de sus compatriotas, sólo para estar más cerca del Ministerio del Interior, responsable de su caso. Nunca ha recibido ayudas por solicitar asilo ni ha entrado en el programa de protección, asegura que nadie le informó de que existía. Está amenazado, dentro y fuera de España, donde su familia sigue recibiendo presiones.
EN EL ECUADOR DE LA ACOGIDA
Muhannad tiene un perfil distinto. Él es palestino con nacionalidad Siria y era profesor de ingeniería en la Universidad de Alepo cuando la guerra se hizo insostenible. Huyó a Argelia y se puso a trabajar para poder ir pagando la salida de cada uno de los miembros de su familia, pero cuando había sacado a sus dos hermanos, se impuso el visado así que tuvo que arriesgar con el resto de parientes: unos salieron por Libia y mar hasta Italia; otros por Turquía y mar hasta Grecia.
Todos se juntaron en Suecia, donde el cuñado de Muhannad tenía residencia legal y había conseguido reagrupar a su hermana. Él optó por la vía más barata, seguir andando por Argelia hasta Marruecos y de allí, a Melilla. Cuando por fin consiguió reunirse con los suyos, las autoridades suecas le mandaron de vuelta a España, el primer país por el que había entrado a la UE, en virtud de los acuerdos de Dublín.
Le quedan seis meses de programa de acogida y después, se acabarán las ayudas. Se ha matriculado en un master en la Universidad de Sevilla. "Tengo la suerte y la oportunidad de haber conseguido una plaza para estudiar, pero una cosa me preocupa, es que la ayuda es de un año, es corta de duración. Pienso en el año que viene, en cómo puedo continuar mi vida", comenta.
REFUGIADOS SIN SALIDA EN LÍBANO
El último de los testimonios que ha ofrecido la mesa redonda es distinto a los anteriores, aunque con el denominador común de la huída forzada y casi improvisada del país de origen. Se trata de Amina, una maestra que montó una guardería en un pueblo de Homs y que aguantó mientras iban cayendo las bombas y los niños hasta que se marchó a Líbano a visitar a su hermano, refugiado, y no volvió nunca más. No lo tenía previsto.
"Nos dimos cuenta de que el conflicto duraba cada vez más sin solución, que cada vez había más niños mendigando en las calles sin futuro, así que decidí involucrarme en un proyecto. Reconstruir el país es difícil, pero es algo material. Reconstruir a los niños es mucho más complejo. Decidimos que para que esos niños pudieran el día de mañana volver a Siria y reconstruir su futuro había que trabajar en su cultura, educarles", explica.
Ahora es profesora en uno de los colegios que Entreculturas ha construido en Libia ante el colapso, como explica Manzanedo, del sistema social en aquel país, donde uno de cada cuatro habitantes es ya un refugiado y que, sin embargo, no está recibiendo el apoyo prometido de los países occidentales. "La gente allí ya no está tranquila, no hay posibilidad de trabajo, los niños tienen que dejar la escuela y dedicarse a la venta para poder ayudar a sus padres a sobrevivir y la idea que les queda es huir a Europa para buscar mejor futuro", advierte Amina.
Las obras sociales de los Jesuítas han lanzado la iniciativa #YoSoyTierradeAcogida para sumar apoyos a un manifiesto que reivindica una bienvenida para las personas refugiadas y una Europa de Dignidad y Derechos. El objetio es además apoyar proyectos concretos de cooperación en países y contextos como el de Amina e involucrar a toda la sociedad para contrarrestar los mensajes de "no entres, no vengas, no te conozco" que reciben miles de refugiados y migrantes cuando se les cierran las puertas en los Estados europeos.