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El 80% del personal de Atención Primaria no sabe cuándo se pone la vacuna del papiloma y casi la mitad no la recomienda

Un estudio llevado a cabo por la Universidad Complutense de Madrid (UCM) y el Hospital 12 de Octubre ha revelado que hasta el 80 por ciento de los profesionales de Atención Primaria, incluyendo médicos, pediatras y personal de Enfermería, no sabe a qué edad se debe poner la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH) y casi la mitad (41,8%) no la recomendaría a sus familiares.
El trabajo, cuyos resultados publica la revista 'Infectious Agents and Cancer', se ha basado en una encuesta a 164 profesionales de 20 centros y podría explicar por qué esta vacuna está cosechando tasas de vacunación más bajas de lo estimado en España.
Actualmente existen dos vacunas, 'Gardasil' (Sanofi Pasteur MSD) y 'Cervarix' (GSK), que en tres dosis actúan frente a diferentes genotipos oncogénicos inmunizando al paciente frente al virus, que es el mayor factor de riesgo para desarrollar cáncer de cuello de útero.
En 2008, un año después de que las tres dosis se incluyeran en el calendario de vacunación para niñas de entre 11 y 14 años, el 77,3 por ciento de las menores se inyectaron la tercera dosis, frente a coberturas cercanas al 90 por ciento de otras vacunas.
La vacuna también se recomienda a chicas menores de 26 años, hayan mantenido o no relaciones sexuales, y a varones entre los 9 y los 26, puesto que el virus está relacionado con otros tipos de tumores. En estos casos, no obstante, no cuenta con financiación pública.
Para ver cuáles podían ser los motivos de esta menor vacunación, los autores del estudio sometieron a 164 profesionales (el 62% mujeres) a un cuestionario con 24 preguntas, algunas con respuestas abiertas y otras a elegir entre diferentes opciones.
De este modo, observaron que el 57,3 por ciento no conocía los agentes infecciosos contra los que luchan las vacunas, lo que muestra que "faltan seminarios dirigidos a los profesionales de Atención Primaria y falta interés por parte de estos profesionales sobre el tema, al considerarlo secundario", ha destacado Jesús Jiménez, jefe de la Sección de Oncología Ginecológica del Hospital 12 de Octubre y autor principal del estudio.
El 65,45 por ciento de los encuestados sí sabía que la vacuna disminuía la incidencia del cáncer de cuello de útero, frente al 17,6% que lo desconocía. Sin embargo, entre el 68 y 80 por ciento no conocían que el virus estaba relacionado con otros tipos de cáncer.
En cuanto a las pacientes, en la gran mayoría de los casos (el 75,8%), las mujeres que preguntaron a los profesionales por la vacuna suponían menos de una cuarta parte del total de las féminas que acudían a consulta.
FALTA DE INTERÉS DE SUS PACIENTES
Una "falta de interés" de las pacientes que, según los autores, también podría influir en que médicos y enfermeros desconozcan cómo actúa la vacuna, así como "el clima negativo generado por las diferentes asociaciones contrarias a la inmunización y apoyado por algunos catedráticos de salud pública que también se muestran en contra".
"La campaña de información mediática hace más hincapié en el sensacionalismo de casos de dudosa eficacia, o en hipotéticas complicaciones, que en las ventajas poblacionales de la misma", ha reconocido Jiménez.
De hecho, hasta el 40,4 por ciento de los encuestados respondió que no existían suficientes datos que apoyaran la comercialización de la vacuna, y la razón más frecuente que esgrimieron fue que no había datos sobre su efectividad a largo plazo.
Respecto a los efectos adversos graves que se achacan a la vacuna, este experto asegura que los efectos secundarios demostrados asociados a la vacuna son de carácter leve, fundamentalmente relacionados con el lugar de la inoculación. Y los efectos secundarios graves que se han intentado atribuir a la vacuna "no han sido demostrados con una relación de causalidad".