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Una revisión del genoma humano permite identificar los genes que aumentan el riesgo de ictus isquémico

Investigadores de la Universidad de Virginia (Estados Unidos) han completado una exhaustiva revisión del genoma humano en la que han logrado identificar los genes que aumentan el riesgo de sufrir un ictus isquémico, la causa de aproximadamente el 85 por ciento de los accidentes cerebrovasculares.
Según explican los autores de este trabajo, que publica la revista 'Lancet Neurology', se ha confirmado el papel de varios genes de los que se sospechaba su implicación con esta enfermedad y se ha identificado alguno nuevo que podría convertirse en una diana terapéutica para prevenirlos, al tiempo que también se han descartado otros que inicialmente se habían vinculado al desarrollo de un ictus.
Los accidentes cerebrovasculares son la segunda mayor causar de muerte en todo el mundo y entre los factores de riesgo que favorecen su aparición están el tabaquismo, la hipertensión arterial, la diabetes o el colesterol elevado.
Los genes también juegan un papel clave a la hora de desencadenarse este tipo de eventos, causados por coágulos de sangre (a diferencia de los provocados por la ruptura de los vasos sanguíneos), pero hasta ahora se sabe relativamente poco sobre si hay algún riesgo que pueda heredarse.
Para tratar de indagar en esa comprensión, examinó los genomas de decenas de miles de pacientes con accidente cerebrovascular y muchos más sujetos en un grupo control.
"Si nos fijamos en todos los factores de riesgo conocidos, que son bastante buenos para predecir el riesgo de un individuo, hay algunas estadísticas que sugieren que hasta un 50 por ciento del riesgo no tiene una explicación clara, por lo que podría haber una causa genética subyacente", ha explicado Bradford Worrall, experto en embolias y autor del estudio.
El nuevo gen identificado por el estudio, por ejemplo, se cree que está asociado con los movimientos que resultan de la aterosclerosis de la arteria aorta.
Asimismo, también han identificado el único gen que se ha vinculado a todas las formas de accidente cerebrovascular isquémico, viendo que tiene un efecto más fuerte en los ictus relacionados con la enfermedad de vasos pequeños, mientras que el resto parecen asociarse cada uno a un subtipo concreto de ictus isquémico.
Los investigadores esperan seguir publicando nuevos informes en el futuro a medida que van desgranando los factores de riesgo genéticos que estos genes detectados pueden tener también para otras enfermedades cerebrovasculares más comunes.