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Una estrella pudo incitar las ondas gravitacionales que detectó LIGO

El 14 de septiembre de 2015, el Laser Interferometer Gravitational Wave Observatory (LIGO) detectó las ondas gravitacionales de la fusión de dos agujeros negros de 29 y 36 veces la masa del Sol.
Se esperaba que tal evento fuera oscuro, pero el telescopio espacial Fermi detectó un estallido de rayos gamma sólo una fracción de segundo después de la señal de LIGO. Una nueva investigación sugiere que los dos agujeros negros podrían haber residido dentro de una sola estrella masiva, cuya muerte generó la explosión de rayos gamma.
"Es el equivalente cósmico de una mujer embarazada que tiene mellizos dentro de su vientre", dice el astrofísico de Harvard Avi Loeb del Centro Harvard-Smithsonian para Astrofísica (CfA).
Normalmente, cuando una estrella masiva llega al final de su vida, su núcleo colapsa en un solo agujero negro. Pero si en el evento detectado por LIGO el giro de la estrella era muy rápido, su núcleo pudo estirarse en forma de pesa de gimansio, con dos masas separadas cada una de las cuales formó su propio agujero negro.
Una estrella muy masiva como la requerida en este caso a menudo se forma de la fusión de dos estrellas más pequeñas. Y puesto que las estrellas giraban entre sí cada vez más rápido mientras se movían juntas en espiral, se esperaría que la estrella fuionada resultante girase muy rápidamente.
Después de la formación del par de agujeros negros, el envoltorio exterior de la estrella se movió hacia su interior. Con el fin de alimentar tanto ondas gravitacionales como el estallido de rayos gamma, los agujeros negros gemelos debieron haberse colocado muy juntos, con una separación inicial del orden del tamaño de la Tierra, y se fusionaron en cuestión de minutos.
El agujero negro único recién formado se alimentó a continuación de la materia que caía en su interior, consumiendo el material equivalente a un Sol cada segundo y accionando chorros de materia devastadores hacia el exterior para crear la ráfaga de rayos gamma.
Fermi detectó la explosión sólo 0,4 segundos después de la detección de ondas gravitacionales de LIGO, y desde la misma área general del cielo. Sin embargo, el satélite de rayos gamma INTEGRAL europeo no confirmó la señal.
"Incluso si la detección de Fermi es una falsa alarma, eventos futuros detectados por LIGO deberían ser monitorizados por la luz que los acompañe, independientemente de si se originan a partir de las fusiones de agujeros negros. La naturaleza siempre nos puede sorprender", dice Loeb.
Si más explosiones de rayos gamma se detectan a partir de eventos de ondas gravitacionales, ofrecerán un nuevo método prometedor para medir distancias cósmicas y la expansión del universo, añadió. Esta investigación ha sido aceptada para su publicación en 'The Astrophysical Journal Letters'.