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La voz de los horrores de la guerra

Tiene Hala Jaber un cuerpo menudo y unos ojos que se posan sobre las cosas de modo casi imperceptible. Sonríe poco. Habla mucho y fuma más. Lleva años como corresponsal de guerra del periódico británico 'The Sunday Times'. En él ha publicado cientos de crónicas del horror que la guerra de Iraq ha dejado durante el conflicto y también después de la caída del régimen de Sadam.
Continúa en Bagdad, informando. Ahora sólo ha hecho una pausa en su trabajo para venir a Madrid por la publicación en España de su libro 'Alfrombra voladora sobre Bagdad', donde narra las historias más personales que le ha tocado vivir allí y también las que ella misma ha elegido vivir de esa guerra. Su libro es un relato muy de cerca de vidas inocentes mutiladas por las bombas.
La periodista siempre quiso ser madre pero no pudo cumplir su sueño. Viajando a Iraq se fue cruzando con las vidas destrozadas de numerosos niños que entre las explosiones perdieron a toda su familia. Es el caso de Alí, un niño que quedó sin brazos, sin padres y sin hermanos. Cuando Hala lo conoció en un hospital de Bagdad su cara era una mezcla de confusión, tristeza y dolor. 'Me preguntó si venía a traerle sus brazos, esa fue su primera frase'.
Las imágenes de ese niño dieron la vuelta al mundo. Alí pese a todo su infortunio pudo dar un giro a su vida, viajar a Londres, que le pusieran unos implantes y obtener incluso pasaporte británico. Allí sigue viviendo y creciendo con el sueño de devolver algún día a los suyos un poco de lo que otros le dieron cuando él no tenía nada. Hala habla con especial emoción de Hawra, una niña que ahora tiene siete años y a la que ella mantiene económicamente. La conoció junto a Zahra, su hermana, cuando acababan de perder a toda su familia en una explosión que alcanzó de lleno el coche en el que viajaban. Sólo se salvaron ellas.
Hala quiso adoptarlas y dar así forma a su sueño de ser madre. Pero Zahra murió y después de un tiempo, Hala renunció definitivamente a la adopción porque supo que lo mejor era que Hawra permaneciera en Bagdad en compañía de su abuela, la única persona viva de toda su familia. Para esa niña, Hala Jaber es ahora un familiar y para Hala la niña es un legado que ella debe preservar y un recuerdo permanente de lo que pasó y pasa en Iraq.
También ha conocido de cerca y ha entrevistado a terroristas suicidas. Nos cuenta que para ellos inmolarse es un método eficaz para crear terror porque su guerra, es también psicológica. En el momento en que nos cuenta esto su mirada se despista. Ha visto moverse algo. Sonríe al descubrir que se trata de un pájaro. Pensaba que era una rata, lo siento sigue sonriendo  ¿Ves? -me dice- no me asusta estar con suicidas y de repente me da pánico una rata. Ese aterrizaje forzoso a la realidad desvela mucho de lo que esta mujer menuda encierra. De todo aquello de lo que ha sido testigo. 
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