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Kennedy, el hombre que llegó a Presidente por la obsesión de un padre

Joe Kennedy se sentía invencible y capaz de conseguir lo que fuera que se propusiera, tendió un pulso al gobierno americano, (presidido por Franklin Roosevelt), pronunciando un discurso diferente al de la Casa Blanca durante el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, en el que dejaba a Estados Unidos fuera de cualquier conflicto, defendiendo la neutralidad de Estados Unidos  y tendiéndole un voto de confianza a Hitler.

La Casa Blanca tomó medidas de manera inmediata y sacó a Joe Kennedy de su gobierno. Sin embargo, el padre de JFK no quiso desentenderse de la política. Apoyó a Roosevelt en su tercer mandato para garantizarle a su hijo mayor, Joe, un hueco en la política en los años venideros. Un acto interesado y ambicioso: si él no llegaba, sería su hijo quién realizara sus sueños.
La guerra apartó a Joe de la política y desgraciadamente, perdió la vida mientras luchaba. Todas las esperanzas depositadas en su hijo mayor pasaron a otro hombre: Jack Kennedy, su hijo menor. Un muchacho con dotes de escritor, mujeriego y que soñaba con ser periodista.
Su padre comenzó su formación como líder y la primera parada que realizaron juntos fueron las elecciones a Congresista. Kennedy se enfrentó en las urnas a un carismático político, un hombre que se había ganado de manera mayoritaria el voto italiano. La falta de escrúpulos de Joe le dieron a Kennedy su plaza en el Congreso: fue capaz de llevar a cabo una artimaña de fraude para dividir el voto italiano y así favorecer a su hijo en las urnas.
Un matrimonio interesado
La llegada a la familia de un nuevo miembro, Jacqueline, la esposa de Jack, fue un punto clave para garantizarle a Kennedy la presidencia. Sin embargo, las infidelidades de su hijo y el fuerte carácter de Jackie presentaron un nuevo problema que podría acabar con el sueño de Joe.
Jackie se planteó pedir el divorcio harta de los escarceos de su marido, una ‘costumbre’ más que incorregible que se agravó con el tiempo. Joe quiso comprar la paciencia de Jacqueline a golpe de talonario, y bajo una promesa de amor y felicidad, convenció a la mujer de su hijo de seguir adelante con su matrimonio en pro de la familia.
De esta manera, Jackie aguantó en silencio y durante años, las ‘costumbres de su marido’. Fue imagen de campaña, interpretó el papel de paciente esposa ante los medios y alabó el trabajo de su marido durante la campaña electoral que le proclamó Presidente. Pero, a las puertas de su nueva vida, Jacqueline le lanza un ultimátum a su marido y le pide total discreción en sus asuntos. No quiere que sus humillaciones sean un escándalo ahora que serán Presidente y Primera Dama.