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Cincuenta años soportándose ¡Señor!

"No es la historia de un gran amor. Ni tan siquiera una historia de amor. Tampoco la de un matrimonio por razones de Estado. "Pero tú, ¿qué te has creído? Tú no eres más que un chico, un chico de nada, que se casa con la hija de unos reyes"
Llevaba toda la razón. El chico de los 'Barcelona', aunque nieto de reyes, se encontraba por entonces en espera de un destino profesional, destino que dependía de la voluntad de un dictador que exigía que "la hipotética e inexistente monarquía pasara por la aceptación, inequívoca, de los valores del régimen del caudillo". Como así hizo el Príncipe cuando fue proclamado Rey el 22 de noviembre de 1975 .1
La historia de este libro es, simple y sencillamente, la de un hombre y una mujer que hace cuarenta y cinco años decidieron unir sus vidas y sus destinos, para bien o para mal, hasta que la muerte los separe. A lo largo y ancho de todo este tiempo, en el matrimonio ha habido de todo: bueno, regular y malo. Pero aquí siguen, posiblemente porque tanto don Juan Carlos como, sobre todo, doña Sofía, piensan, igual que el personaje de Shakespeare: "Siguiéndole a él, sólo me sigo a mí misma".
"Aunque nada les predestinaba a la atracción, aparte del nacimiento", cuando afirmo que no se trata de una historia de amor al uso, no estoy siendo justo. Para la princesa Sofía posiblemente lo era. Para Juanito, lo dudo. Él mismo ha reconocido que "no soy un hombre que se enamora apasionadamente, perdidamente… a ella le gustaba yo. Eso, como hombre, me halagaba".
"Aunque a mí también me gustaba ella", tomó sus precauciones —posiblemente porque la desconfianza es madre de la seguridad que no tenía— diciéndole: "Oye, Sofi, ¿por qué no salimos un poco más y así vamos conociéndonos?". En realidad no se conocían. Se habían encontrado por primera vez el 22 de agosto de 19 54 a bordo del Agamenón. Él tenía dieciséis años. Ella los cumpliría en breve.2
"Parece claro que aquel primer encuentro entre los actuales Reyes no significó nada para sus vidas", hasta el extremo de que "en aquella época yo no me fijé en ella", como reconoció don Juan Carlos años más tarde. Por el contrario, doña Sofía sí se fijó en él, "pero nunca me sacó a bailar"… "Se ha dicho muchas veces que Juanito y Sofi se enamoraron allí, pero eso no es verdad. Entonces eran muy jóvenes todavía".
El segundo encuentro, el 19 de julio de 19 59, tuvo lugar en la boda de Isabel de Württemberg, en el castillo de Althausen, en Stuttgart. Algunos comentaristas y biógrafos han llegado a especular con esta fecha como la del día en que se enamoraron. Todo ello porque se les vio charlar y hasta bailar. Normal entre jóvenes de casas reales.
3 Por ello resulta ridículo atribuirle a Juan Carlos un comentario que nunca hizo: "¡Ah!, sí, la princesa Sofía de Grecia me ha hechizado". Tampoco acertaron Julián Cortés Cavanillas ni Fernando González-Doria cuando situaron el inicio del noviazgo de Juan Carlos y Sofía en 1960, durante las Olimpiadas de Roma, donde ella participaba como reserva de su hermano Constantino en la modalidad de vela clase Dragón con la que el heredero griego obtuvo una medalla de oro.
Difícil que Juanito se enamorara ni en Althausen ni en Nápoles , donde tenían lugar las competiciones de vela. Lo estaba entonces de la princesa María Gabriela de Saboya, que también asistió a la boda de los Württemberg y estuvo presente en Nápoles, adonde llegó junto a Juanito y la infanta Pilar en El Saltillo, el yate del Conde de Barcelona.
El 21 de julio de 19 60, Juan Carlos vuelve a Althausen para la boda de Karl Württemberg, el heredero, con la princesa Diana de Orleáns, hija de los condes de París. También acude María Gabriela, la novia del Príncipe. Pero no Sofía, cuya explicación de su ausencia tiene un tono que puede encerrar alguna que otra razón personal: "No me apetecía, no me interesaba. Podía ir o no ir. Y no me dio la gana".4
¿No le apetecía ver a Juan Carlos con María Gabriela? ¿Estaba despechada y Juan Carlos había dejado de interesarle después del encuentro, un año antes, en Althausen, en el que charlaron, bailaron y se divirtieron hasta el extremo de poner en boca del Príncipe "La princesa Sofía me ha hechizado?" A lo peor por ello no le dio la gana de ir.
Aunque Fernando Rayón, siempre tan riguroso, considera "erróneamente la boda del príncipe Eduardo de Kent con Katherine Worsley, celebrada el 8 de junio de 19 61, en la abadía de York Minster, como el origen del noviazgo", el hoy Rey, ante la pregunta de Pilar Urbano: "¿Cuándo se enamoró de la Reina?", responde sin vacilar: "Yo me enamoré en el año 1961, en la boda de los duques de Kent".