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Mónica: "Mi forma de ser no es casarme con el mismo hombre y tener una vida aburrida"

Lleva 27 años ejerciendo y nunca, nadie, la ha obligado a hacerlo. Lo deja claro desde el principio: "Empecé con 18 y hay casos en que sí, se está en esto por drogas, o por hijos abandonados o por lo que sea, pero yo lo hice porque quise. Empecé a ganar dinero y me gustó".
Se declara cómica y "un poco religiosa" y le encanta pintarse con colores intensos: Azules los ojos, rojos los labios, ribete negro remarcando todo y colorete más allá del colorete. "Me lo quito con toallitas de la farmacia (....). Me maquillo hora y media, salgo a la calle y si no gano dinero me sienta mal. Aunque a veces les doy el teléfono y vienen a casa".
Todo el barrio la conoce. Cobra 30 euros por media hora y 50 por la hora entera "porque les hago un descuento". Por su cama han pasado más nacionalidades que las que participan en la ONU y su memoria es un archivo histórico de cómo ha ido mutando de pieles el Raval, una de las áreas más castigados por el paro, las drogas y la prostitución de Barcelona.
"Nunca ha habido tanta inmigración en el barrio. He estado con africanos, paquistaníes, marroquíes y sudamericanos. Son más marchosos los emigrantes que los españoles. Si quiero ir con alguien en inglés también puedo, le digo: 'du yu guan tu eslip güit mi?'"
Admite que hay "días grises" y que "todo el mundo tiene sus bajones" y sostine que su infancia "fue muy feliz". Es de esas personas, explica, "a las que le gusta recordar los momentos felices y recuerdo aquella época a menudo".
Y es que lo que no se le puede negar a Mónica es un optimismo encomiable. Hubo un cura que le intentó "reconvertir", "un cura un poco raro", como ella misma dice en el documental, pero no lo consiguió. "Me gusta hacer lo que hago", zanja.
Tarifas y clientes
Días grises, los justos
Actualmente tiene pareja. Vive con él, el primo de él y su hermano en el barrio, pero "así enamorarme, enamorarme no lo he llegado a estar nunca". Quizás de un hombre con el que "el roce hizo el cariño durante 15 años" y al que llamaba Morgan Freeman porque le recordaba al actor estadounidense, o quizás de un antiguo cliente que acabó siendo homosexual, pero "enamorarme no", repite sin tristeza.