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Ocultarse de miradas indiscretas

A medida que pasan los días, la tarea de ocultar su identidad se hace cada vez más difícil. No sólo tiene que mantenerse alejada del barrio sino que también tiene que ocultar a Sara de los ojos de Rafa y Chete.
Después de descubrir que la constructora Mendoza piensa remodelar la plaza 29 de febrero y de que Rebeca es la directora de las obras , Sara se da cuenta de que no puede acercarse por el barrio con su nueva identidad.
La posibilidad de ser descubierta la aterra y deseando convertirse en Rebeca para siempre, Sara no solo debe ocultarse de la gente del barrio sino que debe ocultar a la verdadera Rebeca de las miradas indiscretas de Chete y especialmente de Rafa.
Rápidamente, Sara pone su plan en marcha. Angustiada por la situación, llama a Pepe Lee y le pide que impida por todos los medios que  el arquitecto y el jefe de obra vean a su gemela en la plaza.
Mientras, Sara sigue adelante con la vida de Rebeca. Decidida a que nadie descubra su verdadera identidad la joven se comporta con la mayor naturalidad posible con todos aquellos que habitualmente rodean a Rebeca, especialmente sus padres. De este modo, Sara acude con su nueva madre a un showroom donde Lourdes le pone al día de la fiesta que está organizando y de la que no tiene la menor idea.
Entretanto, Rebeca sigue con su proceso de recuperación en el barrio, pero cada nueva información supone una sorpresa para la joven, que no logra asimilar que antes del accidente tuviera una relación tan estrecha con Pedro.
Sin embargo, no será ese el único problema para Rebeca. La situación se complica cuando Pepe Lee, que intenta retenerla en la peluquería para evitar a Rafa y Chete, se ve obligado a comunicarle que eran novios antes del accidente.
Mientras los dos jóvenes se pelean acusándose de mentirosos, Rebeca apenas puede creer que saliera con dos chicos a la vez.