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'El juego de tu vida': ¿concursantes?, ¿masoquistas?, ¿herejes mediáticos?

Todo en la vida tiene un sentido. No hay mal que por bien no venga. Si hoy sufro mañana reiré. Con frases tan socorridas paso estos días y ya desvelaré, también, a qué obedecen mis males y adónde me llevan. Puede que lo haga en esta web o, quién sabe, tal vez me atreva a ir al Juego de tu vida y aderezar con mis miserias la cadena amiga. Porque convertir mis más oscuros secretos en alimento para insomnes morbosos se ha convertido ya en una de mis fantasías y no precisamente sexuales.
Y es que esto de premiar al pecador puede ser más eficaz en la lucha contra la crisis que hacer cola a las puertas de Doña Manolita para comprar lotería. Aquí, tú eliges si quieres el premio gordo aunque, después, no salgas en la tele dando brincos de alegría para que te vean los vecinos.
¿Es fácil empatizar con esos seres?, ¡no! o, al menos, resulta difícil declararlo en público pero, claro, contemplar atónitos el strip-tease de los desatinos ajenos nos hace olvidar las propios. Y es que estas gentes tienen más ganas de pagar sus vicios o facturas que miedo o vergüenza a declararlos.
Por eso les sigo cada jueves,  medianoche, con la carne de gallina desde el punto y hora que les sientan, en medio de la nada, con esa pirámide como único fondo; sus colores esconden tantos tipos de veneno que cuesta entender cómo a sus invitados, sentados justo enfrente, no les gira la cabeza más que a la niña del exorcista.
¿Son concursantes?, ¿masoquistas?, ¿herejes mediáticos?. ¿Emma García es la presentadora?, ¿o la primera mujer  capaz de ponerse al otro lado de un confesionario?,  sí, confesionario, aunque instalado en mitad de un plató. Y qué más da si no reciben la absolución... la culpa no se redime, se proclama a golpe de talonario: reconocer un ascenso por la bragueta o que la parienta es más fea que un trol puede tener  recompensa.
Y  si no que se lo digan al malagueño que se hizo con su máximo premio: cien mil "euracos" que dirían en La Mancha.  Lo más suave que saldría de su boca es que alguna que otra vez se había pegado las orejas con pegamento,  eso sólo, para ir relajando los ánimos que después la tensión fue ganando enteros y no sé como al susodicho (debió usar Araldite del caro) no se le despegaron, casi automáticamente, sus soplillos que a mí se me erizaron hasta las cejas.
Adicción a los anabolizantes, cuernos a la mujer, y una larga lista de humillaciones que prefiero denominar "etcéteras". Perlas finas que se atragantaban más que un pepinillo en vinagre. Y su mujer agarrándose a la medalla a falta del cuello de su, no se sabe ya por cuanto tiempo, marido.  Dos pájaros de un tiro: pudiendo invertir en músculos quién quiere tener esposa.
Pero antes del gran campeón de la culpa lucieron su palmito otros dos grandes ejemplares de la raza ibérica. El primero reconoció que prefería comprarse un traje a salir con la parienta, non preocupare, la confesión desató el fervor de su propia mujer que le aplaudía y hasta con más ganas que cuando había declarado haber hecho lo posible para vivir sin dar ni un palo al agua; pero se plantó en los 3.000 euros tal vez por miedo a recibir alguno, en la propia carne, de vuelta a Huelva.
También sin desperdicio,el gaditano especialista en seguridad que esperaba su turno sin saber que el tamaño de su miembro viril se convertiría en el tema estrella.  Retratado, sí, como un gran desastre en la cama pero lanzando a la tribuna besos y sonrisas como si acabase de ganar el certamen de Miss España. Por dinero baila el perro y hasta se convierte uno en uno y alguno hasta preferiría ladrar aunque para eso ya estaban sus invitados con el trasero bien prieto y el gesto tan agarrotado que ni se enteraban de que el pseudo-segurata  estaba dando una receta: salchichas con bechamel. Y entre el público alguno debió pensar: "¡eso, que de lo que se come se cría!".
Y el suegro diciendo que se había  quedado de piedra y su mujer, que ésa sí que se parecía, cada vez más, a la Estaca de Bares aunque se la oyó decir " Si está seguro que siga" y el hombre que se animaba, por momentos, y  hasta reconoció que también había venido  a deshogarse y bien que debió hacerlo tiempo atrás, pero en un club de alterne por el que se dio una vueltecita. Y después fue la suegra quien dijo "Aunque duela, dílo" pero la pregunta era si deseaba volver a ser infiel, y el desdichado que intentaba impedir que a su esposa le arruinase el día una diarrea  negó, mintió y perdió. Y eso que ya le habían caído de todos lados: picha corta, putero y al final, hasta mentiroso, y ni te cuento qué más le llamarían sus familiares viendo como además se esfumaba, y ya es desgracia...¡hasta  el dinero!, perdón, el dinerito, que es como lo llama, una y otra vez , la sacerdotisa García a la que oí sentenciar hacia el final del programa : "Difícil, pero no imposible".
Y todo tan fuerte que yo también me puse heavy entrada la madrugada . Y como además estaba nostálgica y emocionada me puse a entonar, a voz en grito, una de Obús, que es como también debiera llamarse, por devastador, este programa. Porque esa noche pude escuchar otra voz, como de ultratumba, pero no diciendo "eso es verdad" sino soltando improperios y cosas mucho peores. Y es que a mi vecino lo que acababa de quitarle el sueño no era, precisamente, El juego de tu vida sino aquella sabia canción...
"Dinero, dinero en mi cabeza constante estás/ Dinero, dinero compras y vendes con intereseses/Construyes, destruyes el universo con tu poder/rehuyes, intuyes vientos suaves o de huracán"
Dinero, dinero (Poderoso como el trueno).Obús. 1982.