Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, analizar y personalizar tu navegación, mostrar publicidad y facilitarte publicidad relacionada con tus preferencias. Si sigues navegando por nuestra web, consideramos que aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración u obtener más información aquí.

El perfil psicológico de 'el asesino de Catellón'

Cinco jóvenes asesinadas en un perímetro de apenas 30 kilómetros. Un asesino con el mismo 'modus operandi': Un agente de seguros con una vida aparentemente normal que durante la madrugada se convierte en un depredador de mujeres.
Vicente Garrido, psiquiatra y criminólogo , elabora para la investigación un perfil psicológico del escurridizo asesino de cinco mujeres en Castellón.
Según este experto, el agresor es "un hombre capaz de llevar una doble vida, una vida aparentemente normal. Su forma de matar refleja control, no hay sadismo".
Garrido estudia el perfil de las víctimas y el 'modus operandi' del hombre más buscado del momento. Todas son mujeres jóvenes que encuentra en lugares de prostitución o discotecas. Aunque no aparecen restos de semen en los cadáveres, su móvil es sexual. Las víctimas aparecen desnudas, con las bragas cortadas lateralmente y con sus prendas atadas alrededor del cuello.
El criminólogo va más allá y apunta a que puede ser un joven que vive con un familiar mayor, educado pero que en algún momento ha podido protagonizar algún episodio de violencia sexual.
Joaquín Ferrándiz, de 32 años,  había sido condenado 8 años atrán por una agresión a una menor. El 'asesino de Castellón', había atropellado a una chica de 17 años, tapado sus ojos con pañuelos de papel y golpeado fuertemente. Cumplió sólo 6 años de su condena, y nadie de su entorno quiso creerlo. Incluso los funcionarios de prisión, pensaron que era un inocente condenado de forma injusta.
Ferrándiz lleva una vida cotidiana durante la época en la que comete sus asesinatos y mantiene una relación con una joven a la que sorprende varios días de madrugada, cuando vuelve a casa, para aconsejarle que no ande sola por la noche "porque en Castellón hay mucho hijo de puta".
Es un trabajador muy bien considerado, una persona, según los agentes, "corriente pero con una amable frialdad".
Durante la vigilancia a la que le someten los investigadores, descubren a un depredador. Por la noche sufre gran ansiedad y sale, desencajado, en busca de su presa. Sin embargo, en el registro domiciliario se muestra frio, seguro, y se permite bromear con la policía jugando a 'frío y caliente' en la búsqueda de pruebas que le incriminen.
En su confesión, Ferrándiz no parece arrepentido, aunque sí avergonzado. "Le daba vergüenza y evitada los detalles macabros, no quería parecer despiadado", afirma Tomás Calviño, brigada de la Guardia Civil. En una entrevista posterior declaraba: "yo también me odio, y si pudiera me mataría para devolver la vida a las víctimas. Quiero aprovechar el tiempo en un centro penitenciario donde pueda recibir asistencia psicológica".
Estos cuatro asesinatos los cometió después de un periodo de libertad vigilada, tras conseguir cumplir condena por el anterior intento de violación. Los responsables de su seguimiento aseguraban que estaba totalmente rehabilitado.
En la actualidad cumple condena, y no recibe ningún tipo de tratamiento psiquiátrico.