La Academia en vivo

Gran nivel camino de la final

Invocando a la lluvia

No se puede ir invocando al agua y luego no ser víctima del chaparrón. Unas horas antes de comenzar el concierto del sábado, en el Palau Sant Jordi de Barcelona, los dioses del agua quisieron que descargara la lluvia sobre aquel lugar donde se cantaba un disco titulado (precisamente) agua. Nereo, Poseidón y Glauco, unidos en una tarea común: dificultar el acceso de los miles de personas que se dieron cita en el segundo concierto de la gira OT 2008.

El concierto fue calcado del primero en la Expo del agua (más agua, más) de Zaragoza. Canciones individuales, dúos y grupos en los que intervienen los once concursantes o ex-concursantes convocados a esta gira. La odisea en que se convirtió algo tan simple como encontrar un taxi para ir al Palau, o el factor sorpresa de una lluvia torrencial en el mes de julio, algo poco común en Barcelona, no fueron obstáculos suficientes para impedir una presencia masiva de seguidores del programa locos por ver a sus estrellas encima de un escenario.

La particular singularidad de que esta gira tenga sus tres primeros y más importantes hitos (dos de ellos ya pasados) antes de la finalización del programa, hace que deban mantener una incómoda separación entre los concursantes que ya están fuera y los cuatro que aún quedan en la academia. Esto era comentado por Pablo tras el pase de micros de ayer, y lo decía con cierto sentimiento de dolor por no poder vivir la experiencia en su plenitud. Habrá de pasar el concierto del Palacio de Deportes de Goya, en Madrid, y la final de dentro de una semana, para que en el resto de la gira el contacto entre cajas sea igual de cercano e ideal que en el escenario.

Rompiendo moldes

Antes y después del concierto tuvieron las tradicionales evaluaciones, que nos permiten ver como llevan su trabajo de cara a la gala. El viernes cumplieron el trámite con brevedad y sin brillo. Ni siquiera cantaron los dúos que, como comentaré más tarde, serán las estrellas de la noche de mañana. Hasta Manu, que casi nunca falla, me pareció falto de fuerza el viernes. Quizá fuera que estaban más pendientes de su intervención en el Tú si que vales de esa misma noche, en que conectaron con la academia fugazmente a modo de publicidad del concierto del siguiente día. Por cierto, que Pablo aprovechó para hacer sangre en el que es su director. "Se te ve todavía más cabezón en la tele", le dijo, lo cual fue asimilado por Llàcer en plan "Ande yo caliente, ríase la gente". Y es que su pluriempleo en telecinco le debe estar reportando pingües beneficios.  1

Otra cosa fue el pase de micros del domingo, en el que pudimos asistir a cuatro interpretaciones prácticamente sin tacha, rozando la perfección. El nivel es enorme en este momento en que la final está tan cerca, y es ahora cuando menos querríamos muchos que se fuera nadie. Es duro pensar en que unos merecen más que otros la gloria final de conseguir el premio, lo cual queda más a las preferencias del público que se rigen por gustos o criterios de simpatía personal que son absolutamente legítimos, pero que no significan que unos lo merezcan más que los otros.

Virginia estuvo vocalmente bien, aunque su expresión corporal sigue siendo difícil de ver. Pablo mucho más expresivo que nunca, aunque le quede aún una pizca para soltar la melena definitivamente. Chipper haciendo una interpretación prodigiosa y llena de matices de ese precioso tema de 'El mago de Oz'. Y Manu perfecto en un registro mucho más rockero del que le hemos podido ver nunca.

Mejoran incluso en la convivencia

No solamente es este el momento en que mejor están cantando, demostrando una profesionalidad que no tenían cuando entraron en esta academia hace más de noventa días, sino que también es ahora cuando más gusto da ver las relaciones interpersonales entre los cuatro supervivientes de esta aventura. Cuando más podemos apreciar esto es sentados a la mesa, mientras desayunan, almuerzan o cenan, siempre y cuando nos permitan verlo. Es gozoso ver el cariño con el que se tratan unos a otros, sin excepción. Cierto que se lanzan puyas, que en bastantes casos Pablo pincha a Virginia y esta lo acepta de buen grado, lo cual es achacable al aburrimiento en el que están sumidos durante buena parte del día.  2

Por esto parece inapropiada la reacción de Virginia en el pase de micros de ayer, cuando tras acabar su primera actuación le pega un buen rapapolvo a su compañero Pablo y a Manzo, que aún sigue siendo su profesor. La excusa es que se habían movido o habían hablado mientras ella cantaba, lo cual parece increíble teniendo en cuenta que en más de una ocasión la hemos visto levantarse al baño mientras actuaban sus compañeros. Posiblemente fue una reacción provocada porque ella pensaba que no le había salido bien la actuación, no siendo así precisamente.

Lo cierto es que ante las protestas de Virginia, el director accidental de la academia, Manu Guix (dado que una dolencia intestinal obligó a Llàcer a permanecer en su casa), le propuso repetir su número tras los de sus compañeros y antes de los duetos, aunque mejor que no lo hubiera hecho porque a pesar de que todos guardaron respetuoso y casi sepulcral silencio, sin moverse ni para ponerse unos auriculares (ese fue el gran pecado de Pablo), esta vez lo hizo peor que la anterior. Aunque aún tenía una oportunidad más al tener que cantar con Chipper, y en ese momento fue cuando más demostraron todos el gran nivel alcanzado.

Dos dúos que harán historia

En la pequeña historia de OT se tendrá que hablar de los dos duetos que supondrán el momento culminante en la gala de mañana, poco antes del duelo y la última de las expulsiones. Pablo y Manu hacen un juego de voces realmente mágico, superando con mucho el original de Ramazzotti y Martin. Se entienden bien, lo hacen muy bonito y transmiten todo el buen rollo del mundo. Da gusto verles cantar juntos y me hacen pensar que será difícil que se repita algo semejante en este programa.

Pero donde ya hay que hincarse de hinojos es viendo a Virginia y Chipper en estado febril y además provocándolo. Y no solamente por estos dos concursantes que, a pesar de las dudas provocadas por la escasa habilidad para el baile de Virginia, lograrán un momento único con este numerazo, sino también por el trabajo de los profesores, en este caso especialmente el de Myriam Benedited.

Ayer la coreógrafa tuvo la paciencia de ensayar una y otra vez este baile, demostrando una profesionalidad intachable, además de la capacidad de esta mujer para memorizar cada uno de los movimientos en ambos concursantes, al tiempo que debe tener en cuenta los del cuerpo de baile con el que ensayarán hoy mismo. Su pasión por el detalle, el objetivo permanente por alcanzar la perfección, son realmente encomiables. Una perfección, además, de la que ella será siempre actor mudo y apenas reconocido, mientras que los protagonistas se habrán de llevar la gloria. Myriam conseguirá, con su excepcional trabajo, que esa coreografía creada para Virginia y Chipper (que tanto se ha discutido en estos días) sea uno momento televisivo auténticamente memorable.

 

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